el editorialista, más allá del bien y del mal, una especie de semidios (sin ideología, sin intereses concretos - personales y de sector-) nos explica a los pobres mortales cómo son las cosas
ninguna de las aseveraciones que relata como "verdades reveladas" son rigurosamente ciertas (podría ponerlas en duda una por una, pero estoy bastante harto)
de ahí extrae una conclusión "lógica", viciada de nulidad desde los fundamentos mismos
vade retro Marianus