Igualmente para todos los Padres.

Feliz Día !!!

Un poquito viejo y conocido pero lindo para leer nuevamente ...

Pensamiento de un hijo

He aquí cómo piensa del padre generalmente el hijo:

A los siete años:
"Papá es un sabio; todo lo sabe".

A los catorce años:
"Me parece que mi padre se equivoca en algunas cosas".

A los veinte años:
"Mi padre está un poco atrasado. No es de esta época".

A los veinticinco años:
"Mi padre no sabe nada, decididamente está chocheando".

A los treinta años:
"No sé si ir a consultar este asunto con mi padre, tal vez él podría aconsejarme".

A los cuarenta y cinco años:
"¡Qué lástima que papá se haya ido!, él me hubiera aconsejado".

A los sesenta años:
"Pobre mi padre, era un sabio, lástima que lo haya comprendido demasiado tarde".

Otro.
La oración de un padre

Dame:
¡Oh Dios! Un hijo que sea lo bastante fuerte para saber cuándo es débil y lo bastante valeroso para enfrentarse consigo mismo cuando sienta miedo;
un hijo que sea orgulloso e inflexible en la derrota honrada y humilde y magnánimo en la victoria.

Dame:
un hijo que nunca doble la espalda cuando debe erguir el pecho; un hijo que sepa conocerte a ti... y conocerse a sí mismo, que es la piedra fundamental de todo conocimiento.

Condúcelo:
te lo ruego, no por el camino cómodo y fácil, sino por el camino áspero, aguijoneado por las dificultades y los retos, allí déjalo aprender a sostenerse firme en la tempestad y a sentir compasión por los que fallan.

Dame:
un hijo cuyo corazón sea claro, cuyos ideales sean altos, un hijo que se domine a sí mismo antes de pretender dominar a los demás, un hijo que aprenda a reir pero que también sepa llorar, un hijo que avance hacia el futuro, pero que nunca olvide el pasado.

Y después...
que le hayas dado todo esto te suplico entregarle suficiente sentido del buen humor, de modo que puede ser siempre serio, pero que no se tome a sí mismo demasiado en serio, dale humildad para recordar siempre la sencillez de la verdadera sabiduría, la mansedumbre de la verdadera fuerza.

Entonces yo, me atreveré a murmurar: ¡No he vivido en vano!