PURGATORIO 26: Fallida apreciación de fuerzas

Von Hayek dijo: “El hombre puede vivir sin libertad... pero no sin orden”. Implícito en la sentencia, yace el concepto de que la anarquía es a la política, lo que el vacío a la física... un imposible. El vacío es consecuencia de una interferencia humana en el orden natural ó una abstracción del universo cognoscitivo. La anarquía es el estado que une dos instancias políticas, cuando el cambio no puede realizarse por inoperancia ó carencia de canales institucionales. Cuando la ley pretende lesionar atributos de la persona ó intereses que ligan a los factores de poder, la acción pública genera fuerzas que neutralizan a quien pretende apartarse del orden tácito, de la constitución no escrita que rige la vida de los hombres. Tal es la circunstancia que vive hoy, la resquebrajada coalición gobernante.

Dicho estado es consecuencia de la incorrecta apreciación de fuerzas realizada por los Dres. Duhalde y Alfonsín. Esa alianza cometió tres errores fatales, por su obstinación en negar los monumentales cambios que transformaron el orden social después de la Revolución Bolchevique:
1. Pensaron que el positivismo jurídico mantenía un poder infinito como instrumento de cambio social.
2. Estimaron que el nacionalismo continuaba siendo la fuerza rectora del orden político internacional.
3. Supusieron que el cambio global no había alterado el peso especifico de los factores de poder locales.
La falsedad de las premisas mayores, llevó naturalmente, a conclusiones equivocadas. Veamos...

La profusión de normativa legal produjo en Argentina un formidable deterioro en la espontaneidad de su cumplimiento, y la incursión de capas aluvionales de acólitos en la administración del Estado, hirió de muerte al aparato de gestión pública. El pacto que transformó entes de contralor público en pesas del equilibrio partidario, en vez de instituirlos como reaseguro del interés social, no jugó un papel menor. La conjunción de factores, destruyó la idoneidad de la ley como instrumento dominante del orden social. Los actores aprendieron que la ley puede usarse para sesgar el derecho, y por lo tanto, convertirse en un instrumento de la conveniencia corporativa. Posiblemente sea así, hasta que la justicia se vuelva a tapar los ojos...

El nacionalismo enterró al antiguo régimen, cuando hace siglos, la legitimación dinástica fue reemplazada por la lengua y la etnia, como elementos aglutinantes de los grupos sociales. En aquel entonces, el mundo se fragmentó. Los grupos etnico-linguisticos organizaron las naciones, fusionando pueblos separados y atomizando estados históricos. El interés nacional manifestado por sus instituciones políticas, pasó a constituir el núcleo de la política internacional. Los intereses supranacionales quedaron circunscriptos al ámbito de la seguridad, mediante el equilibrio del poder. La raison d’etat reinaba indiscutible en el orden interno. El régimen nazi marcó su cenit, y la organización internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial, el inicio de su decadencia; que se aceleró con la caída del muro.

Este último hecho es una bisagra de la historia económica, entendida como el derrotero del precio relativo del trabajo respecto del capital. Tal precio y los echos que lo han influido, marcaron siempre el devenir económico. Luego de la Revolución Industrial, la tecnología generó una masa de negocios que tornó escaso el capital y abundante la mano de obra. El inversor y la banca fueron los privilegiados de aquel orden. La Revolución Rusa fue el punto de inflexión siguiente. Nacía un orden que competía con el capitalismo. La sindicalización laboral y su alianza con los partidos, modificó el mencionado precio a favor del trabajo. El pleno empleo y el consumismo ocuparon el centro de la escena, ya que el trabajador mejora su posición relativa cuando ordenes antagónicos se disputan su preferencia social. Desde el derrumbe del socialismo, el rentista vuelve a entronizarse. Pero mis reflexiones, son pamplinas para nuestros gobernantes...

Para ellos, la preferencia monetaria responde a la conveniencia política y la normativa del BCRA, sin importar que se cumpla o no con los atributos que sostienen una moneda. Para ellos, la ley positiva es el instituto que debe determinar los precios relativos, más allá de la propiedad, la escasez y el orden global (al que nos ciñen intereses infinitamente más poderosos que los que nos unen a los partidos). Por último, no perciben que la industria local y la clase obrera han sufrido un deterioro que relativizó su peso relativo como factores de poder. La industria, afectada por años de apreciación sobre su productividad, escala y tecnología. La clase obrera, por una crisis de conducción originada en la voracidad financiera y el cinismo de sus obesos lideres.

No son estos los protagonistas del futuro orden social. Son espejismos que ponen al régimen... en retirada.