que hace unas semanas fui a Temaiken, el reducto de Munchi Sumblad y Goyo. El lugar está muy bien puesto (al estilo de los parques temáticos yankees), distribuido de manera lógica y cómoda, los baños impecables, hay lugares para comer al aire libre y restaurantes cerrados, kilómetros de soga en los cercos, césped impecable. Hay mucha "vigilancia discreta". Los lugares dónde viven los animales parecen cómodos. Lo que me llamó la atención fue la gente. Los mismos que tiran los papeles en la calle o por la ventanilla del auto, que escupen, que rompen cualquier cosa porque no funciona, en ese lugar parecían transformados. No había ni una miga en el suelo. La gente comía en los lugares al aire libre, destinados al efecto, pero no circulaba con comida por los senderos;
los baños (con buen mantenimiento) estaban limpísimos. Lo que separa un mundo de otro son metros, los que se necesitan recorrer para llegar a la Panamericana. ¿qué es lo que los hace cambiar?. Una infraestructura silenciosa que trabaja permanentemente para mantener limpio y hermoso el lugar. Chicas que se acercan muy discretamente al niño que se sienta en el césped y le explican con firmeza pero muy educadamente, porqué no se puede o no se debe sentar allí y sí en los bancos que están para eso. Mujeres y hombres que mantienen los baños y los lugares de comida, impecables. De a poco, el que va a tirar el papelito al suelo, piensa un poquito y se acerca al cesto que siempre tiene a mano. No lleva tanto tiempo transformar a una sociedad, si la transformación viene de los que hacen y deben cumplir las normas en origen, el resto se acomoda, casi mágicamente. La prueba, es que en Temaiken, en tres o cuatro horas, la gente cambia por un ratito.