este señor Miguel Bonasso.







Miguel Bonasso: "Si pensara que nuestra lucha fue inútil, me suicidaría"


P. - En "Diario de un clandestino" usted asume su militancia en Montoneros, hecho no muy frecuente.

R. - Es verdad. Hay algunos compañeros que por sus declaraciones actuales, parece que hubieran estado en ALPI (Asociación de Lucha contra la Parálisis Infantil).

P. - Además, se lee con mucho interés. Pero no incluye una evaluación de la actuación del grupo.

R. Creo que va destilando cierta crítica y autocrítica, pero desde el punto de vista de aquel momento. No está hecha a nivel ensayístico, porque no es un ensayo. Más adelante pienso escribir la historia ensayística de Montoneros. Lo que quise fue rescatar esas anotaciones de aquellos años. Creo que es importante ver cómo encarábamos la realidad en ese momento.

P. - Aparecen personajes como Galimberti, Firmenich, Vaca Narvaja y Perdía, retratados con una cierta simpatía. ¿Cómo los ve hoy, a raíz de todo lo que pasó?

R. - En uno de mis libros anteriores, "Recuerdo de la muerte", hay una cierta crítica. Y "Diario de un clandestino" culmina con mi ruptura con Montoneros.

P. - Sí, pero las causas no quedan del todo claras.

R. Creo que se van deslizando. Tienen que ver con una visión crecientemente elitista, militarista, apartada de las masas. Lo que el libro muestra es que la decisión de militar no se toma de la noche a la mañana. Hay una especie de deslizamiento que tiene que ver con las características de una época, sus presiones y condicionamientos. También intento demostrar que la clandestinidad es un dolor. No se asume alegre ni frívolamente, sino que uno se va deslizando en ella. Es como el coma, que tiene grados. Era muy difícil romper con Montoneros en un momento determinado, pese a las disidencias.

P. - ¿Era peligroso?

R. No, me refiero a una especie de autocondicionamiento moral, porque hubiese significado traicionar a los compañeros. Además, tampoco se podía analizar muy bien lo que estaba pasando, porque la clandestinidad va encerrando, fracturando y partiendo. Yo hubiera querido encontrarme, por ejemplo, con Rodolfo Walsh, que también estaba clandestino y a quien respetaba muchísimo. Hubiera querido comentarle muchas cosas para conocer su opinión, pero era imposible hacerlo en un café, con un Falcon lleno de señores con anteojos negros en la puerta.

P. José Pablo Feinmann dijo que no se puede volver al espíritu setentista, porque ahí no entraba el concepto de democracia para nada, y ese concepto fue muy seriamente incorporado en estos años. ¿Está de acuerdo?

R. - No totalmente, porque yo fui secretario de prensa de Héctor J. Cámpora, o sea que pelée para que el pueblo pudiera votar. Es verdad que el peronismo estaba estructurado verticalmente a partir de la figura de Perón. Pero nuestra generación fue una generación trágica, de alguna manera condenada a la clandestinidad, porque venía de un país muy dividido entre peronistas y antiperonistas, de un mundo dividido en dos fracciones. Todo era en blanco o negro, con opuestos brutales. La figura del adversario no aparecía tanto, aparecía la figura del enemigo. La democracia implica, entre otras cosas, un margen de negociación.

P. -¿En qué cambió?

R. - Yo mantengo los mismos principios que tenía en los setenta. Lo que ha variado es mi concepción de cuáles son los instrumentos y los métodos para alcanzar una sociedad más justa, más fraterna, donde el hombre no sea un lobo del hombre. No creo en el darwinismo. La idea de democracia sigue siendo un valor no aceptado a fondo en el juego social y político. Un tercio de la población se encuentra excluida, existe el gatillo fácil. Todos coincidimos en querer una calidad verdadera de nuestro sistema democrático y sus instituciones, pero tenemos que reconocer que hay una monstruosa crisis de representatividad de la clase política. La gente es escéptica no porque sea totalitaria, sino por fenómenos tan generalizados como el del Senado, que inducen al escepticismo. Por suerte, hoy los militares no están en condiciones de hacer lo que hicieron en nuestra época.

P. - ¿Volvió a ver a Galimberti y a Firmenich?

R. No. Además, creo que son distintos. He vuelto a ver a otros compañeros, con algunos tengo una relación muy estrecha. Yo no soy de los que se encierran en el pasado, aunque rescato cosas importantes. Me rodeo mucho de gente joven. Una de las cosas que deseo es que me lean los muchachos. Que se interesen por esa época, por la música que escuchábamos, las películas que veíamos. Esos tiempos tuvieron que ver con la creatividad que suponía un mundo no dado. Fuese cierto o no, uno tenía la impresión de que podía cambiar el mundo. No había un discurso monolítico como el que hay ahora, dictado por el mercado.

P. - Durante la primera época, Montoneros contó con un gran apoyo popular. Las críticas feroces vinieron después, a raíz de todo lo tremendo que fue pasando.

R. - Hubo etapas muy definidas. Cuando luchábamos para que la gente pudiera votar y elegir libremente (no hay que olvidar que el peronismo estaba proscripto) el margen de legitimidad era altísimo. El problema empezó cuando a raíz de la persecución de la Triple A y la extrema derecha, se dio una respuesta militar. La respuesta tendría que haber sido política, aunque fuese muy costoso en términos de vida y sufrimiento. Ese fue un error muy importante, porque alimentó la caldera. Lo que no deben hacer nunca los revolucionarios es dar los elementos para que el otro los destruya. Espero que las nuevas generaciones puedan desarrollarse. Me da mucha alegría que los chicos nacidos en democracia tengan un reflejo frente a la vida cotidiana distinto del que teníamos nosotros. A nosotros nos consideraban sospechosos por ser jóvenes. Creo que nuestra lucha contribuyó a que eso no pase más. No fue una lucha inútil.

P. - El precio fue muy alto.

R. -Seguro, pero si yo pensara que no dejó ninguna clase de semilla, me suicidaría. Creo que, en gran medida, las nuevas generaciones tienen por lo menos algunas cosas garantizadas gracias a nuestra lucha.

P. - Hay que ver si las tienen garantizadas gracias a Montoneros, o gracias a lo que se fue construyendo a partir de Alfonsín y la democracia.

R. -Montoneros es sólo una parte muy pequeña de un fenómeno mucho más amplio.

Tomado de Los Siete Locos


www.stormpages.com/marting/bonasso.htm