Radiografía de una «joven idealista»

De chica le decían «Lali» en Caballito. Vivía en Río de Janeiro y Lezica durante su adolescencia, en la década del ´60, cuando festejaba las victorias de Fidel Castro en Sierra Maestra y pronosticaba la liberación de la Argentina por parte del Che Guevara, según recuerda uno de sus noviecitos de entonces. Pero también relata sus «reacciones histéricas cuando la contradecían en algo».

"Zurda hasta la médula", en los años de plomo no era más Lali, ya que cambió de ambiente. Ahora su nombre de guerra era "Kati", cuando militaba en la izquierda en los ´70, destacándose por panfletera, a estar de los testimonios de sus viejos conocidos del barrio. Se inscribió en la Facultad de Derecho y se recibió en tiempo récord de abogada cuando el decano de la Facultad era Mario Kestelboim. Pero "realmente sabía poco tanto de la Ley como de su profesión", según rememora la gente que alguna vez la consultó en aquella época.

La joven idealista se exiló en Holanda con su esposo y sus dos hijos, regresando al país hacia mediados de los ´80, donde empezó a tramitar la consabida indemnización de 220.000 dólares por "desaparecida". Entonces, gracias a sus contactos con el sindicalista Armando Cavalieri, empezó a trabajar como abogada de CASFEC, la Federación de Empleados de Comercio, entre 1988 y 1991, cuando consiguió otro conchabo mejor mediante sus contactos justicialistas. Cavalieri, consultado estos días, sólo la recuerda ~muy vagamente~ como "una persona mediocre".

Hoy es una persona mayor, nacida el 25 de febrero de 1946. Pero, en la década del ´70 la entonces joven idealista se exiló en Holanda con su esposo, Emiliano Ernesto Montenegro y sus dos hijos, regresando al país hacia mediados de los ´80, donde empezaría a tramitar la consabida indemnización de 220.000 dólares por "desaparecida". Entonces, gracias a sus contactos con el sindicalista Armando Cavalieri, empezó a trabajar como abogada de CASFEC, la Federación de Empleados de Comercio, entre 1988 y 1991, cuando consiguió otro conchabo mejor mediante sus contactos justicialistas. Cavalieri, consultado estos días, sólo la recuerda ~muy vagamente~ como "una persona mediocre".

Desde que la echó el dirigente sindical trabajó en la Secretaría de Seguridad del Estado (ex SIDE), cuando la Secretaría dependía del Ministerio del Interior, donde todavía figura en los padrones de 25 de Mayo 101 de la Ciudad de Buenos Aires. Percibía sus haberes desde el 21 de julio del 2001, que la agente (empezó como nivel 7 y se retiró con nivel 2), con número de CUIT 30546662361 en los recibos. En su legajo figura que prestaba servicios en San Carlos de Bariloche, aunque nadie recuerda su paso por la localidad turística (salvo cuando iba a pasear), dándosele baja tras cinco años de «servicios» el 30 de abril de 2006.

Rosa Elsa Parrilli tiene 63 años (D.N.I. 5.300.859) y ya no tiene más marido. Vive sola, o con alguna pareja incidental con quien comparte sus broncas (y una botella de whisky, al que es afecta) en un amplio departamento a la calle de «Palermo Soho», su semipiso de Charcas 4312, esquina Serrano, aunque posee otras propiedades, porque ~como ella dice~ "invierte en ladrillos" los excedentes de sus ahorros.

Se jacta de ser prima de Oscar Parrilli, el montonero que oficia de secretario General de la Presidencia de la Nación y de haber dictado clases en la cátedra de Eugenio Raúl Zaffaroni.

Pero cuando necesitó trabajo (hay demasiados abogados en el país) recurrió a Aníbal Fernández, quien la ubicó como Jueza Correccional de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Entonces cambió su CUIL a 3446671471, comenzando a estar en las nóminas del incipiente Consejo de la Magistratura de la Ciudad, en Sarmiento 877 Piso 10º ~en un principio~ hasta su designación a cargo de los estrados del Juzgado Penal y Correccional Nº 28.


«Dura para pagar»

Hace poco más de dos años, la magistrada correccional del Gobierno Autónomo de Buenos Aires, Rosa Elsa Parrilli, había insultado a los gritos pelados a un oficial en la vía pública que, cumpliendo con su deber, le había labrado una multa por violar la luz roja del semáforo. El acta de la infracción indica que el 1º de junio de 2007, a las 21:00, la abogada que estaba a cargo del Juzgado Contravencional Nº 28 de la Ciudad cruzó un semáforo en rojo en Rivadavia y Gascón generando "un peligro para los terceros" y para sí misma. El informe del oficial que labró el acta número B 08127255 indicó que "el infractor dice ser jueza de la Nación y que no pagará ninguna multa". "Asimismo, al requerirle los papeles del vehículo, con malas palabras e insultos hacia mi persona, negó a presentarlos", informó un Oficial de la Comisaría 11ª. En una escena similar a la que se viviría en las últimas horas en una oficina administrativa, Parrilli amenazó al policía asegurándole que lo iba a hacer echar, le profirió una catarata de palabrotas ["milico de mierda", entre ellas] y rompió la copia del acta de comprobación que se le entregó, tal como indican las normas de tránsito. "Se retiró del lugar increpándome con insultos y con su auto a gran velocidad", cerró el integrante de la Policía Federal. Ese altercado violento del año 2007, no es apenas un renglón más en la larga lista de incidentes de tránsito que tiene la jueza dentro de sus antecedentes.



Los efectos nocivos del vino blanco

Pero sucedió lo que era previsible para una persona que se despierta con café y a media mañana bebe media botella de Chardonnay bien helado: el 24 de septiembre pasado ~cuando la grúa retiró de la vía pública ~por mal estacionamiento~ el Volkswagen Gol patente FGC571 modelo 2005, propiedad de la titular del juzgado Nº 28 en lo Penal, Contravencional y de Faltas de la Ciudad, la Dra. Parrilli~ que generó la ira de la Kati. La pobre mujer dirigió su violencia contra dos inocentes empleadas del Cuerpo de Agentes de Tránsito, a las que insultó con una inusitada agresividad verbal, amenazas y hasta manifestaciones de discriminación por ser "morochas".

El doctor Alberto F., el célebre y costoso cirujano plástico que se separó de la vedette Beatriz S. ~famosa partinaire de Olmedo que intentó suicidarse con psicofármacos el 1º de mayo pasado~ operó un par de veces a la irascible jueza, pero rechazó sus reclamos tras la última intervención estética de la Dra. Parrilli ya que le manifestó que «por más que le retoque los ojos, los efectos etílicos se reflejan tanto en la cara como en el desarrollo del abdomen, aunque su contextura haya sido delgada». La señora Parrilli no sólo estuvo insatisfecha con la explicación y se retiró ofendida del consultorio del médico dando un sonoro portazo porque le negó la «garantía».

Posiblemente tal sea la acitud psicológica que la lleve a menospreciar la firmeza física de las mujeres jóvenes de saludables rasgos mediterráneos, que todavía mantienen rostros lozanos que no reflejan historias de naufragios, turbaciones o manías.