Como a mi tambien me llamo la atención alguna vez, busqué y encontre esto que te transcribo  en:

http://www1.up.edu.pe/coi.../Correo%20de%20Babel.htm

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Hace unos días se generó una interesante discusión entre varios profesores respecto a los nombres de algunos países en idioma español. En particular, algunos sostenían que debía decirse Nueva Zelandia (porque así estaba escrito en documentos oficiales y tarjetas de presentación de ciudadanos de dicho país), mientras que otros sostenían que lo correcto era Nueva Zelanda (porque así figuraba en los diccionarios). Se pusieron varios ejemplos para defender cada postura (Islandia y Tailandia, por un lado, y Holanda e Irlanda, por el otro). Este problema no se presenta en el idioma inglés, donde los nombres de países para todos los ejemplos dados terminan en –land. La interrogante, además de la manera correcta de aludir al país en cuestión, es por qué existe diferenciación en nuestro idioma (entre –landa y –landia). Gracias por su atención.

Roberto Urrunaga, rurrunaga@up.edu.pe, Universidad del Pacífico (Lima-Perú)

Coiné Conviene empezar por tratar de responder a su segunda pregunta para poder sugerir una respuesta a la primera. Al respecto, debe decirse que a partir de una palabra extranjera terminada en –land, el español puede formar topónimos (nombres de lugares) con los sufijos –a y –ia (de aquí que tanto Zelanda como Zelandia –provenientes del neerlandés Zeeland sean, ambas, formas legítimas y posibles dentro del sistema lingüístico español). Dicho esto, podría resultar útil examinar con algún detalle la lista de topónimos del español que terminan en uno u otro sufijos.

Los Apéndices 2 y 3 de la reciente Ortografía de la lengua española, publicada por la Real Academia Española (Madrid: Espasa-Calpe, 1999) consignan los topónimos Holanda, Irlanda, Nueva Zelanda (país) y Zelanda (provincia de los Países Bajos); y también Finlandia, Groenlandia, Islandia, Jutlandia, Nueva Zelandia (país), Suazilandia y Tailandia. Como se puede apreciar, el sufijo –ia resulta ser el más frecuente. En realidad, salvo Holanda, Irlanda y Zelanda (Nueva Zelanda debe explicarse a partir de Zelanda), todos los topónimos de este grupo terminan en –ia.

Aparentemente, este último es un sufijo bastante productivo (y no sólo de nombres de países, como escribe Manuel Seco en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, s.v. –ia), a juzgar por la lista de nombres de lugar recogidos en los Apéndices 2 y 3 de la citada Ortografía. Si esto es así, ¿por qué las únicas excepciones son Holanda, Irlanda y Zelanda?, ¿por qué no decir (y escribir)*Holandia, *Irlandia o *Zelandia?

En realidad, desde un punto de vista absolutamente sistemático y hablando –digámoslo así– "económicamente", no habría ningún problema en aceptar una uniformidad semejante. Sucede, sin embargo, que las lenguas son también tradiciones históricas y que hablamos (y escribimos) según modelos previos. Deberá intentarse, por lo tanto, una aproximación histórica (que se presenta aquí como explicación razonable, más que como investigación exhaustiva).

Holanda e Irlanda son términos antiguos en el español. Corominas y Pascual (Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico. Madrid: Gredos, 1989, III, s.v. HOLANDA) indican que las primeras documentaciones de éstos se encuentran en el Diccionario de Nebrija, de 1495 ó 1493 (para el primero) y en un texto de 1511 (para el segundo). En los dos casos, los términos se refieren no a los países o regiones, sino a las telas que se producen en ellos (un procedimiento de denominación común: se dice damasco a la tela importada de la ciudad de Damasco, por ejemplo). Los términos parecen estar ya establecidos en la España de los siglos XVI y XVII. Garcilaso de la Vega habla en la Égloga II, v.1666 (escrita en Nápoles en el verano de 1533) del "lebrel de Irlanda generoso" y Cervantes (Quijote, I, XXXIII) se refiere a la "camisa de delgada holanda". La primera parte del Quijote, como se sabe, se publicó en 1605. Todavía en esa época, el sufijo –a podía ser productivo. El mismo Cervantes, en su novela Los trabajos de Persiles y Sigismunda (publicada póstumamente por su viuda en 1617), escribe Islanda y Groenlanda, en lugar de Islandia y Groenlandia. Debe precisarse, también, que en el mismo libro, Cervantes se refiere a la isla de Golandia. O sea que, probablemente, en su tiempo resultaba más o menos indiferente castellanizar los topónimos finalizados en –land con –a o con –ia (salvo casos ya plenamente estabilizados, como Holanda e Irlanda). Tal posibilidad se ha restringido mucho en la actualidad. Todos los topónimos más o menos recientes se han formado con –ia, como Suazilandia y Tailandia (o Disneylandia, uno aún más reciente). Algo semejante puede decirse respecto de castellanizaciones futuras. Si ahora se quisiera castellanizar, por poner un ejemplo, el nombre de una ciudad neozelandesa importante como Auckland, tendría que decirse y escribirse *Auclandia, y no *Auclanda.

¿Y Zelanda? No hemos encontrado información al respecto, pero resulta verosímil suponer que se formó como Holanda y que es, como esta última, forma antigua en el idioma. Es necesario recordar la estrecha relación que existió entre España y los Países Bajos durante el Siglo de Oro español para darse cuenta de que tanto Holanda como Zelanda, dos provincias de la citada entidad política, debieron de ser muy importantes para los españoles y, por ello, ingresaron pronto al ámbito de sus intereses y, consecuentemente al de su lengua.

Conviene pasar ahora a responder su primera pregunta. A pesar de la poca productividad actual del sufijo –a para formar topónimos, las formas Holanda, Irlanda y Zelanda se justifican plenamente por ser formas que el español incorporó hace mucho tiempo y cuya estabilidad resulta manifiesta. Puede y debe decirse Zelanda si es que se quiere aludir con el citado término a la provincia de los Países Bajos.

Tanto la Enciclopedia Espasa-Calpe como el Diccionario Enciclopédico Salvat consignan la forma Nueva Zelanda y no incluyen Nueva Zelandia. El Diccionario de dudas y problemas del idioma español de Manuel Rafael Aragó (Buenos Aires: El Ateneo, 1995, s.v. *Nueva Zelandia) trae la siguiente nota: "*Nueva Zelandia. 1. Forma incorrecta por Nueva Zelanda [...]". Ciertamente, Nueva Zelanda se considera en estos repertorios como una derivación de Zelanda (como lo es, efectivamente). Sin embargo, no por ello hay que juzgar incorrecta a la forma Nueva Zelandia, pues ésta responde, como Suazilandia o Tailandia, al modelo actual de formación toponímica. Así parecen haberlo pensado los redactores de la reciente Ortografía de la Real Academia Española, donde se recoge la forma Nueva Zelandia (aunque en segundo lugar, después de Nueva Zelanda, lo que podría indicar una preferencia por esta última)