Lo que usted plantea coincide con lo que, hace más de cuarenta años, me dijo un político chileno: "no te quejes de tus políticos, reemplázalos". No sé si eso hubiera sido viable, yo era ingeniero y me gustaba mi trabajo, tenía que sostener a mi familia y no sentía vocación por discutir, arengar o recolectar firmas. En todo caso, siempre voté por el que me parecía menos malo y creo que me comporté razonablemente bien. Viví en blanco de mi trabajo y no de prebendas, planes y otros curros. Pero meterme a defender a los débiles, nunca me metí. Fueron esos débiles los que mayoritariamente votaron a este gobierno. Dudo que hubiera podido influir en el resultado rompiéndome el alma, y nunca se me pasó por la cabeza afrontar los riesgos y los disgustos. Mea culpa.

Si eso me hace corresponsable del estado en que está el país, de acuerdo. Sufro las consecuencias, aunque menos que la mayoría. Pero si eso me obliga a guardar modesto silencio frente a las tropelías de esta horda de atorrantes, ya no. 

Ya no.