Si solo intentamos filosofar es muy fácil adaptar la realidad a nuestras ideas e ilusiones. Podemos armar unos intrincados modelos de perfección que serán muy distintos según quien sea su autor. Así, para muchos en su tiempo, el nazismo pudo ser un modelo de este tipo, y sin ninguna duda, aún existen muchos argentinos que añoran el modelo de perfección de la dictadura militar.
        Considero que la democracia es el modelo que más se aproxima a esa idea de perfección, pero como todo modelo, es susceptible de enormes fallas al querer llevarlo a la realidad. Ello es así porque quienes los ejecutan son hombres, y los hombres, en contraposición, somos un ejemplo cabal de modelos imperfectos.
        La Argentina, y sobre todo los argentinos, nunca hemos ni siquiera rozado el concepto de perfección. Somos demasiado cómodos, oportunistas, cobardes, indiferentes, indolentes, soberbios, y todos esos no son valores que coadyuven al concepto filosófico y moral de perfección.
        Hemos perdido o decidido ignorar todos los valores éticos que en algún tiempo nos distinguían como un Pueblo capaz de tener un gran destino. Nuestros padres o abuelos nos enseñaron esos valores, los aprendimos, pero un día decidimos que era mucho más fácil vivir mejor siendo deshonestos y nos gustó la idea, nos gustó tanto que comenzamos a archivar en el oscuro rincón de las cosas olvidadas esos valores inherentes al ser humano que nos convertían en algo tan simple como ser buenas personas.
        Hoy se está pagando muy caro por esa infortunada decisión, y lo peor es que quienes, exclusivamente, soportan y sufren este alto precio, son aquellos argentinos que aún creen y conservan dentro suyo todos esos valores éticos y morales inherentes a nuestra condición humana.
        La democracia no es un modelo perfecto, pero nos permite el derecho y la libertad de opinar, de decir, de reclamar, de actuar, para defender las convicciones que llevamos dentro, para exigir una vida digna, en paz y seguridad.
        No es necesario hacer un censo para saber que en la Argentina existe una mayoría absoluta de gente honesta y que solo desea vivir de su trabajo, pero sus voces se han acallado, sus voces no salen en los titulares de los periódicos ni en los noticieros de televisión y entonces los deshonestos se aprovechan y nos siguen aplicando su propio "modelo de perfección".-
        Salgamos de esta maraña de corrupción que nos envuelve como una droga que adormece nuestra voluntad y pensamientos y volvamos a nuestros orígenes exigiendo a nuestros gobernantes que sean ellos quienes comiencen a dar el ejemplo de un cambio que "mansamente" esperamos que algún día se produzca, sin atrevernos a ser nosotros mismos quienes lo provoquemos.-
        Si seguimos en silencio, el "modelo de perfección" de quienes ostentan el Poder terminará por destruir y aniquilar, definitivamente, todas nuestras ilusiones, nuestros sueños y ¿por qué no?, algún día, nuestras propias vidas.
