"La mufa colectiva"
Qué nos pasa a los argentinos
Resulta que antes de cumplir un año de gestión se le exige al actual gobierno que solucione todos los problemas del país.
Y entonces uno se pregunta: la deuda externa que tan gravosamente pe-sa en nuestro presupuesto ¿la inventó este gobierno? Los compromisos quenos atan al FMI ¿los asumió este go-bierno? La desocupación que flagelaa una parte importante de la población, ¿la generó este gobierno? El déficit fiscal que ha obligado a impuestazos, ajustes y recortes ¿es obra de este gobierno?
No hay paciencia para un gobierno que, dentro del modelo, está haciendo las cosas que hay que hacer. Y digo "dentro del modelo" porque en esto el Gobierno no innova, sigue las pautas que son las reglas de juego del mundo contemporáneo.
* * *
Claro que "el modelo" podría dejarse de lado. Podríamos repudiar la deuda externa, podríamos romper con el FMI, podríamos prescindir de inversiones extranjeras y de tecnología importada. Entonces viviríamos como el pueblo cubano, lleno de orgullo por su independencia, pero también lleno de carencias y nivela el pueblo cubano, lleno de orgullo por su independencia, pero también lleno de carencias y nivelado en la pobreza general. Si quieren esto, entonces díganlo con claridad los que repiten que "hay que cambiar el modelo", sin aclarar cuál es el que desean.
Que dejen de incordiar con un slogan que es utópico e inviable y, en último análisis, refleja la incapacidad para proponer soluciones sensatas y posibles.
Porque, atención, este denostado "modelo" incluye la democracia. Y la democracia es gris, no convoca grandes fervores, no reclama líderes sino administradores. Pero es la democracia la que hace posible que, cuando suena el timbre de casa a las cuatro de la mañana, pensemos que se trata de un idiota que se equivocó de puerta, y no de un comando que viene a llevarnos. Reclamar a la democracia soluciones prontas para todo lo que nos aflige, es injusto. Las instituciones juegan un papel que no se puede saltear, cada solución implica compatibilizar intereses, nada puede hacerse de un día para otro.
Si no se admiten estas premisas se puede promover otra opción, otro "modelo": un gobierno autoritario que no se avenga a controles, que prescinda de la opinión pública, que deje de lado la Constitución. Es una opción siempre posible, desde luego, pero creo que hemos vivido amargas experiencias con su aplicación. Dudo que la sociedad argentina quiera repetirlas.
Pero dentro del modelo actual se pueden hacer bastantes cosas. Pueden mejorarse las condiciones que nos impone el FMI negociando incesantemente y empleando la estrategia del jiujitsu, es decir, usando la fuerza del adversario para nuestra conveniencia.
Pueden atraerse inversiones en los volátiles mercados europeos y norteamericanos y cabe reforzar los mecanismos del Mercosur. Debe aumentarse la ayuda a los desempleados y el estímulo a las Pyme (recuérdese que fueron las pequeñas empresas las que consiguieron la recuperación de Italia) y lanzar, cueste lo que cueste, el plan de construcción de viviendas que todavía no se ha concretado.
Todo esto, en un contexto de reducción sustancial del déficit y un presupuesto razonablemente equilibrado, pues sin estas condiciones se van al demonio los mejores propósitos.
No es una tarea fácil, pero es posible.
* * *
Es claro que la mufa colectiva se desvanece con hechos, pero hay claros indicios de que los hechos irán llegando, sin duda con lentitud, pero irán llegando. No por generación espontánea, si no por la decisión de la sociedad, de sus fuerzas productivas y, desde luego, del Estado.
Pero si el mal humor nos sigue paralizando, todo será más lento y penoso. Yeste siglo XXI no es para perder tiempo en vano, sino para el impulso creador, la imaginación, la audacia.
El nuestro es un buen país. Pero hay que merecerlo.
Tenemos un gobierno decente, que no roba ni deja robar: los escándalos del Senado no son su responsabilidad y los inevitables hurtos administrativos se persiguen en la medida de lo posible. No lo acosemos. Que se valorice lo bueno que se está haciendo. Que florezca, en suma, la confianza.
Quejarse no es de criollos. Como dijo Mitre alguna vez, "tomemos al país tal como Dios manda y los hombres lo han hecho, esperando que los hombres, con la ayuda de Dios, podamos mejorarlo".
Qué nos pasa a los argentinos
Resulta que antes de cumplir un año de gestión se le exige al actual gobierno que solucione todos los problemas del país.
Y entonces uno se pregunta: la deuda externa que tan gravosamente pe-sa en nuestro presupuesto ¿la inventó este gobierno? Los compromisos quenos atan al FMI ¿los asumió este go-bierno? La desocupación que flagelaa una parte importante de la población, ¿la generó este gobierno? El déficit fiscal que ha obligado a impuestazos, ajustes y recortes ¿es obra de este gobierno?
No hay paciencia para un gobierno que, dentro del modelo, está haciendo las cosas que hay que hacer. Y digo "dentro del modelo" porque en esto el Gobierno no innova, sigue las pautas que son las reglas de juego del mundo contemporáneo.
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Claro que "el modelo" podría dejarse de lado. Podríamos repudiar la deuda externa, podríamos romper con el FMI, podríamos prescindir de inversiones extranjeras y de tecnología importada. Entonces viviríamos como el pueblo cubano, lleno de orgullo por su independencia, pero también lleno de carencias y nivela el pueblo cubano, lleno de orgullo por su independencia, pero también lleno de carencias y nivelado en la pobreza general. Si quieren esto, entonces díganlo con claridad los que repiten que "hay que cambiar el modelo", sin aclarar cuál es el que desean.
Que dejen de incordiar con un slogan que es utópico e inviable y, en último análisis, refleja la incapacidad para proponer soluciones sensatas y posibles.
Porque, atención, este denostado "modelo" incluye la democracia. Y la democracia es gris, no convoca grandes fervores, no reclama líderes sino administradores. Pero es la democracia la que hace posible que, cuando suena el timbre de casa a las cuatro de la mañana, pensemos que se trata de un idiota que se equivocó de puerta, y no de un comando que viene a llevarnos. Reclamar a la democracia soluciones prontas para todo lo que nos aflige, es injusto. Las instituciones juegan un papel que no se puede saltear, cada solución implica compatibilizar intereses, nada puede hacerse de un día para otro.
Si no se admiten estas premisas se puede promover otra opción, otro "modelo": un gobierno autoritario que no se avenga a controles, que prescinda de la opinión pública, que deje de lado la Constitución. Es una opción siempre posible, desde luego, pero creo que hemos vivido amargas experiencias con su aplicación. Dudo que la sociedad argentina quiera repetirlas.
Pero dentro del modelo actual se pueden hacer bastantes cosas. Pueden mejorarse las condiciones que nos impone el FMI negociando incesantemente y empleando la estrategia del jiujitsu, es decir, usando la fuerza del adversario para nuestra conveniencia.
Pueden atraerse inversiones en los volátiles mercados europeos y norteamericanos y cabe reforzar los mecanismos del Mercosur. Debe aumentarse la ayuda a los desempleados y el estímulo a las Pyme (recuérdese que fueron las pequeñas empresas las que consiguieron la recuperación de Italia) y lanzar, cueste lo que cueste, el plan de construcción de viviendas que todavía no se ha concretado.
Todo esto, en un contexto de reducción sustancial del déficit y un presupuesto razonablemente equilibrado, pues sin estas condiciones se van al demonio los mejores propósitos.
No es una tarea fácil, pero es posible.
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Es claro que la mufa colectiva se desvanece con hechos, pero hay claros indicios de que los hechos irán llegando, sin duda con lentitud, pero irán llegando. No por generación espontánea, si no por la decisión de la sociedad, de sus fuerzas productivas y, desde luego, del Estado.
Pero si el mal humor nos sigue paralizando, todo será más lento y penoso. Yeste siglo XXI no es para perder tiempo en vano, sino para el impulso creador, la imaginación, la audacia.
El nuestro es un buen país. Pero hay que merecerlo.
Tenemos un gobierno decente, que no roba ni deja robar: los escándalos del Senado no son su responsabilidad y los inevitables hurtos administrativos se persiguen en la medida de lo posible. No lo acosemos. Que se valorice lo bueno que se está haciendo. Que florezca, en suma, la confianza.
Quejarse no es de criollos. Como dijo Mitre alguna vez, "tomemos al país tal como Dios manda y los hombres lo han hecho, esperando que los hombres, con la ayuda de Dios, podamos mejorarlo".
