[NOTA COMENTARIO PREVIO: ....Como ustedes saben su velero oceanico (25 metros de eslora) se llama "Noctiluca" lo que es debido a microorganismos fosforecentes que se ven en la estela del barco, asi como tambien en las cresta de las olas de noche de cualquier playa....Esta noche Walter nuestro marinero Uruguayo recibira una severa reprimenda por haber escrito este articulo para los medios... pero hay que perdonarlo por su sentido patriotico....y sus conocimientos que son para gente como uno....]
(por Walter Obes Regules - exclusivo para La Baranda)
LA ISLA GORRITI INAUGURO UN PARADOR EN LA PLAYA
Desde la costa, la isla Gorriti aparece como una lonja de tierra adornada con un bosque de pinos que se recortan en el horizonte. Con los pies en ella, se descubre un paisaje diferente, de los tantos y hermosos que guarda Punta del Este para quienes salen a buscarlos.
Sólo cien pasos bastan para cruzar la isla en su lado más angosto, justo en el medio, ceñido como la cintura de una mujer. Se baja en el único amarre del lugar Puerto Cañón, se cruza la sombra de un fresco bosque de pinos y se llega a la otra orilla.
Ahí, el mar infinito y cuantiosas embarcaciones, que aprovechan las aguas serenas de la Playa Honda para amarrar sus días de ocio navegante. El mejor escondite para escapar de la península y los vértigos del verano.
REFUGIO DE NAVEGANTES
Como en tiempos pasados, la isla también hoy es refugio de navegantes que observan desde sus proas. ¿Estarán dando la bienvenida? Mmmmh, difícil. Después de todo, su secreto quedó al descubierto: la paz, el silencio y la levedad con que se mecen los veleros y costosos yates.
Después de muchísimos años, este verano la isla volvió a tener un parador, que fue instalado por la empresa FiberTel. Cuando recién comenzaba a levantarse, los navegantes miraban sorprendidos hacia la orilla. Después, comenzaron a largarse nadando o en gomones, en busca de bebidas y comida para llevar a bordo.
"¿Tienen servicio de delivery?", preguntó uno, que nadó desde su velero hasta el parador. Venía navegando desde Solanas en una tarde de sol impiadoso y quería llevar algo fresco a los tripulantes.
"¿Se van a quedar para siempre?", se entusiasmó otro, escudriñando el parador. "Es bárbaro, así no tenemos que venir con el yate cargado de alimentos", explicó con lógica náutica. Y llenó el gomón de cervezas y gaseosas, rumbo al yate que se mecía a cien metros de la orilla.
"Aquí es posible disfrutar de un espectáculo único y gratuito: ver la caída del sol desde una isla", contó Javier, el "Robinson" del parador. El muchacho va y viene atendiendo el VIP del lugar, ambientado con puffs y sombrillas de lona, donde los invitados se sientan a saborear un habano o a almorzar las "rabas on line".
"El lugar se pensó para que sea un espacio exclusivo para los que llegan aquí en sus embarcaciones", explicó César Torres, gerente de Marketing de FiberTel, que supervisa las actividades del parador.
Durante el día, los navegantes encontrarán algunos servicios gratuitos como pañales y cambiadores para los bebés, juegos de mesa, clases de snorkeling y de aerobics. A las siete y media se organiza un "happy hour" para la gente de los barcos. La señal es el encendido de las antorchas. Es el momento de bajar a tomar algo mientras se disfruta de la caída del sol.
A las nueve, en la isla sólo queda su cuidador, porque no está permitido acampar ni quedarse a dormir. Esto tiene que ver con el cuidado que se tiene del lugar. Un pequeño descuido, alguien que no apague bien una chispita de fuego, haría arder el bosque de pinos en pocos minutos.
Pero además, se trata de preservar los testimonios que la historia dejó en el lugar. La isla fue descubierta el 2 de febrero de 1516 por Juan Díaz de Solís. Y en ella dejarían sus huellas otros conquistadores y aventureros: Magallanes (en busca del estrecho que unía los dos océanos), Sebastián Gaboto, Pedro de Mendoza, el legendario sir Francis Drake con su bergantín "Pelican" y Charles Darwin.
En tiempos de piratas, la isla era la defensa natural del puerto de Punta del Este. Los enormes galeones cargados de ambiciones tenían ahí su paso obligado antes de tocar el continente. La conocían como Isla de las Palmas.
HISTORIA CENTENARIA
Ubicada a dos kilómetros de la península, su bosque de pinos actúa como una barrera natural de vientos huracanados que vienen del mar, impidiendo que lleguen a la península. En un recorrido que no llevaría más que un par de horas caminando, se pueden ver restos de centenarias fortalezas y loberías, pesados cañones que alguna vez dispararon contra la piratería y enorme balas que quedaron sin usarse.
La isla Gorriti fue cárcel, hospital de cuarentena durante una epidemia de cólera en ultramar (1885), y cementerio de aventureros, de los británicos que lucharon en las Invasiones Inglesas, y de los no católicos que morían en tierra firme.
Hoy, sus 21 hectáreas se transformaron en uno de los puntos turísticos más interesantes del Este. Se puede cruzar a la isla en lancha. El viaje dura 10 minutos desde el puerto y cuesta US$ 5,50 ida y vuelta.
Pero se perderán el mejor momento de la isla, tras la caída del sol (la última lancha vuelve a la península a las 19.15). Es el instante, fugaz y sublime, en que el cielo se vuelve atornasolado y la quietud del mar invita a no despegar sus ojos de él.
(por Walter Obes Regules - exclusivo para La Baranda)
LA ISLA GORRITI INAUGURO UN PARADOR EN LA PLAYA
Desde la costa, la isla Gorriti aparece como una lonja de tierra adornada con un bosque de pinos que se recortan en el horizonte. Con los pies en ella, se descubre un paisaje diferente, de los tantos y hermosos que guarda Punta del Este para quienes salen a buscarlos.
Sólo cien pasos bastan para cruzar la isla en su lado más angosto, justo en el medio, ceñido como la cintura de una mujer. Se baja en el único amarre del lugar Puerto Cañón, se cruza la sombra de un fresco bosque de pinos y se llega a la otra orilla.
Ahí, el mar infinito y cuantiosas embarcaciones, que aprovechan las aguas serenas de la Playa Honda para amarrar sus días de ocio navegante. El mejor escondite para escapar de la península y los vértigos del verano.
REFUGIO DE NAVEGANTES
Como en tiempos pasados, la isla también hoy es refugio de navegantes que observan desde sus proas. ¿Estarán dando la bienvenida? Mmmmh, difícil. Después de todo, su secreto quedó al descubierto: la paz, el silencio y la levedad con que se mecen los veleros y costosos yates.
Después de muchísimos años, este verano la isla volvió a tener un parador, que fue instalado por la empresa FiberTel. Cuando recién comenzaba a levantarse, los navegantes miraban sorprendidos hacia la orilla. Después, comenzaron a largarse nadando o en gomones, en busca de bebidas y comida para llevar a bordo.
"¿Tienen servicio de delivery?", preguntó uno, que nadó desde su velero hasta el parador. Venía navegando desde Solanas en una tarde de sol impiadoso y quería llevar algo fresco a los tripulantes.
"¿Se van a quedar para siempre?", se entusiasmó otro, escudriñando el parador. "Es bárbaro, así no tenemos que venir con el yate cargado de alimentos", explicó con lógica náutica. Y llenó el gomón de cervezas y gaseosas, rumbo al yate que se mecía a cien metros de la orilla.
"Aquí es posible disfrutar de un espectáculo único y gratuito: ver la caída del sol desde una isla", contó Javier, el "Robinson" del parador. El muchacho va y viene atendiendo el VIP del lugar, ambientado con puffs y sombrillas de lona, donde los invitados se sientan a saborear un habano o a almorzar las "rabas on line".
"El lugar se pensó para que sea un espacio exclusivo para los que llegan aquí en sus embarcaciones", explicó César Torres, gerente de Marketing de FiberTel, que supervisa las actividades del parador.
Durante el día, los navegantes encontrarán algunos servicios gratuitos como pañales y cambiadores para los bebés, juegos de mesa, clases de snorkeling y de aerobics. A las siete y media se organiza un "happy hour" para la gente de los barcos. La señal es el encendido de las antorchas. Es el momento de bajar a tomar algo mientras se disfruta de la caída del sol.
A las nueve, en la isla sólo queda su cuidador, porque no está permitido acampar ni quedarse a dormir. Esto tiene que ver con el cuidado que se tiene del lugar. Un pequeño descuido, alguien que no apague bien una chispita de fuego, haría arder el bosque de pinos en pocos minutos.
Pero además, se trata de preservar los testimonios que la historia dejó en el lugar. La isla fue descubierta el 2 de febrero de 1516 por Juan Díaz de Solís. Y en ella dejarían sus huellas otros conquistadores y aventureros: Magallanes (en busca del estrecho que unía los dos océanos), Sebastián Gaboto, Pedro de Mendoza, el legendario sir Francis Drake con su bergantín "Pelican" y Charles Darwin.
En tiempos de piratas, la isla era la defensa natural del puerto de Punta del Este. Los enormes galeones cargados de ambiciones tenían ahí su paso obligado antes de tocar el continente. La conocían como Isla de las Palmas.
HISTORIA CENTENARIA
Ubicada a dos kilómetros de la península, su bosque de pinos actúa como una barrera natural de vientos huracanados que vienen del mar, impidiendo que lleguen a la península. En un recorrido que no llevaría más que un par de horas caminando, se pueden ver restos de centenarias fortalezas y loberías, pesados cañones que alguna vez dispararon contra la piratería y enorme balas que quedaron sin usarse.
La isla Gorriti fue cárcel, hospital de cuarentena durante una epidemia de cólera en ultramar (1885), y cementerio de aventureros, de los británicos que lucharon en las Invasiones Inglesas, y de los no católicos que morían en tierra firme.
Hoy, sus 21 hectáreas se transformaron en uno de los puntos turísticos más interesantes del Este. Se puede cruzar a la isla en lancha. El viaje dura 10 minutos desde el puerto y cuesta US$ 5,50 ida y vuelta.
Pero se perderán el mejor momento de la isla, tras la caída del sol (la última lancha vuelve a la península a las 19.15). Es el instante, fugaz y sublime, en que el cielo se vuelve atornasolado y la quietud del mar invita a no despegar sus ojos de él.
