OTRA ETAPA EN LA CRISIS: DEJARON DE ALIMENTAR A LAS AVES Y ESTAS COMENZARON A MATARSE ENTRE ELLAS
La mayor productora de pollos quedó en la ruina
Se trata de San Sebastián. Quedaron 1.200 trabajadores en la calle y 300 productores avícolas fundidos. ¿Un caso de vaciamiento empresario?
Desde hace casi treinta días, una vez a la semana, cientos de obreros de la avícola San Sebastián se concentran ante la sede central de la empresa, en pleno centro porteño, sobre la calle Tacuarí. Una vez allí, durante varias horas arrojan centenares de huevos contra el frente de mármol del viejo edificio, que también aparece todo pintarrajeado con denuncias de fraude y vaciamiento. La historia tiene todavía un final abierto, pero se preanuncia lo peor: al menos 1.200 trabajadores despedidos y unos 300 pequeños productores que se sienten "estafados".
La estrepitosa caída de una de las mayores productoras de pollos de la Argentina comenzó a escribirse hace más de un año, cuando la compañía entró en convocatoria de acreedores. Pero el capítulo final se precipitó en las últimos semanas. La firma primero dejó de enviar alimento para sus aves, después clausuró sus granjas y dejó a los productores librados a su suerte. Finalmente cerró sus tres plantas de faena.
Por la importancia que tenía San Sebastián se sacudió todo el mercado. La empresa aportaba al circuito comercial 200.000 pollos, sobre una faena diaria de 1,35 millones. Y en total faenaba unos 4 millones mensuales. Roberto Domenech, presidente del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), cree que podría sentirse un faltante de pollos en las góndolas hacia fines de diciembre, justo para las fiestas.
Según distintas fuentes consultadas por Clarín, las primeras víctimas de este proceso fueron unos 300 productores integrados de San Pedro, Colón, Carmen de Areco, Zárate y otras localidades bonaerenses. Estos avicultores, que recibían los pollitos de San Sebastián y se encargaban de su cuidado y engorde hasta el momento de mandarlos al matadero, comenzaron a cobrar con cheques sin fondos o de cuentas inexistentes. En los registros del Banco Central, San Sebastián figura con las categorías 4 y 5, "alto riesgo" e "incobrable" respectivamente.
"Yo no sé si aquí hubo una maniobra de vaciamiento, pero sí hubo mucha mala fe", dijo Raúl Vítores, de la Sociedad Rural de San Pedro. En toda esa región, los avicultores quedaron con deudas incobrables que van de los 20.000 a los 40.000 dólares en cada caso. Eso como deuda nueva, porque ya arrastraban las sumas que habían quedado impagas al momento en que San Sebastián solicitó su concurso.
Sin plata ni alimento balanceado, en los establecimientos que trabajaban asociados a la empresa se vivieron situaciones patéticas: los pollos convertidos en "caníbales", picoteándose entre sí por culpa del hambre. "En las últimas semanas la empresa reaccionó y transfirió buena parte de sus planteles a los productores que podían hacerse cargo, pero en muchos casos fue tarde y muchos pollos murieron", comentó uno de los damnificados.
La decisión de San Sebastián de deshacerse de sus pollos repercutió de inmediato en sus tres plantas frigoríficas, ubicadas en Colón, Del Viso y Moreno, que se quedaron sin materia prima Allí trabajaban unas 1.200 personas a las que ya se les adeudan dos meses de sueldo y una buena respuesta sobre cuál será su futuro.
"La única explicación que nos dio Alberto Storni, presidente de la empresa y quien dice ser su dueño, es que no tiene plata ni para las indemnizaciones, porque fue estafado por algunos de sus socios", explicó Roberto Gori, secretario gremial de la Federación de Trabajadores de la Industria de la Alimentación.
El gremialista, sin embargo, descree de ese argumento. Y sin contemplaciones acusó a San Sebastián de "estar vaciando la empresa". En esa línea, recordó que mientras cierra sus plantas locales, el grupo sigue operando en dos filiales fuera del país, en Brasil y Venezuela.
Clarín intentó consultar a los directivos de la firma, pero sin resultados. Desde la cámara empresaria, Domenech trazó alguna explicación sobre los orígenes de esta crisis, vinculándola con la fuerte competencia desleal que debió soportar la industria avícola local por parte de la brasileña durante una buena parte de la pasada década (ver recuadro). "Este proceso sin duda se aceleró con los acontecimientos de los últimos 120 días: recesión, falta de crédito y por supuesto deflación, de la que no ha escapado el pollo", especuló. En ese sentido, precisó que el kilo de pollo se está vendiendo a 1,40/1,60 peso, cuando habitualmente costaba de 1,75 a 1,90 peso.
Con un futuro sombrío por delante, Gori dijo que "la única salida posible es que alguien con ganas de trabajar compre la empresa, porque la marca ''San Sebastián'' todavía vale mucho. Pero no vemos voluntad empresaria, porque Storni incluso les pidió a los trabajadores que aguanten sin cobrar hasta abril o mayo del año que viene, con una promesa de reactivación".
Ese es uno de los pocos indicios de que San Sebastián quiere seguir en carrera. El otro es el empeño que pone la firma para limpiar el frente de su sede, luego de los huevazos y pintadas que cada semana le propinan sus propios trabajadores.
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La mayor productora de pollos quedó en la ruina
Se trata de San Sebastián. Quedaron 1.200 trabajadores en la calle y 300 productores avícolas fundidos. ¿Un caso de vaciamiento empresario?
Desde hace casi treinta días, una vez a la semana, cientos de obreros de la avícola San Sebastián se concentran ante la sede central de la empresa, en pleno centro porteño, sobre la calle Tacuarí. Una vez allí, durante varias horas arrojan centenares de huevos contra el frente de mármol del viejo edificio, que también aparece todo pintarrajeado con denuncias de fraude y vaciamiento. La historia tiene todavía un final abierto, pero se preanuncia lo peor: al menos 1.200 trabajadores despedidos y unos 300 pequeños productores que se sienten "estafados".
La estrepitosa caída de una de las mayores productoras de pollos de la Argentina comenzó a escribirse hace más de un año, cuando la compañía entró en convocatoria de acreedores. Pero el capítulo final se precipitó en las últimos semanas. La firma primero dejó de enviar alimento para sus aves, después clausuró sus granjas y dejó a los productores librados a su suerte. Finalmente cerró sus tres plantas de faena.
Por la importancia que tenía San Sebastián se sacudió todo el mercado. La empresa aportaba al circuito comercial 200.000 pollos, sobre una faena diaria de 1,35 millones. Y en total faenaba unos 4 millones mensuales. Roberto Domenech, presidente del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), cree que podría sentirse un faltante de pollos en las góndolas hacia fines de diciembre, justo para las fiestas.
Según distintas fuentes consultadas por Clarín, las primeras víctimas de este proceso fueron unos 300 productores integrados de San Pedro, Colón, Carmen de Areco, Zárate y otras localidades bonaerenses. Estos avicultores, que recibían los pollitos de San Sebastián y se encargaban de su cuidado y engorde hasta el momento de mandarlos al matadero, comenzaron a cobrar con cheques sin fondos o de cuentas inexistentes. En los registros del Banco Central, San Sebastián figura con las categorías 4 y 5, "alto riesgo" e "incobrable" respectivamente.
"Yo no sé si aquí hubo una maniobra de vaciamiento, pero sí hubo mucha mala fe", dijo Raúl Vítores, de la Sociedad Rural de San Pedro. En toda esa región, los avicultores quedaron con deudas incobrables que van de los 20.000 a los 40.000 dólares en cada caso. Eso como deuda nueva, porque ya arrastraban las sumas que habían quedado impagas al momento en que San Sebastián solicitó su concurso.
Sin plata ni alimento balanceado, en los establecimientos que trabajaban asociados a la empresa se vivieron situaciones patéticas: los pollos convertidos en "caníbales", picoteándose entre sí por culpa del hambre. "En las últimas semanas la empresa reaccionó y transfirió buena parte de sus planteles a los productores que podían hacerse cargo, pero en muchos casos fue tarde y muchos pollos murieron", comentó uno de los damnificados.
La decisión de San Sebastián de deshacerse de sus pollos repercutió de inmediato en sus tres plantas frigoríficas, ubicadas en Colón, Del Viso y Moreno, que se quedaron sin materia prima Allí trabajaban unas 1.200 personas a las que ya se les adeudan dos meses de sueldo y una buena respuesta sobre cuál será su futuro.
"La única explicación que nos dio Alberto Storni, presidente de la empresa y quien dice ser su dueño, es que no tiene plata ni para las indemnizaciones, porque fue estafado por algunos de sus socios", explicó Roberto Gori, secretario gremial de la Federación de Trabajadores de la Industria de la Alimentación.
El gremialista, sin embargo, descree de ese argumento. Y sin contemplaciones acusó a San Sebastián de "estar vaciando la empresa". En esa línea, recordó que mientras cierra sus plantas locales, el grupo sigue operando en dos filiales fuera del país, en Brasil y Venezuela.
Clarín intentó consultar a los directivos de la firma, pero sin resultados. Desde la cámara empresaria, Domenech trazó alguna explicación sobre los orígenes de esta crisis, vinculándola con la fuerte competencia desleal que debió soportar la industria avícola local por parte de la brasileña durante una buena parte de la pasada década (ver recuadro). "Este proceso sin duda se aceleró con los acontecimientos de los últimos 120 días: recesión, falta de crédito y por supuesto deflación, de la que no ha escapado el pollo", especuló. En ese sentido, precisó que el kilo de pollo se está vendiendo a 1,40/1,60 peso, cuando habitualmente costaba de 1,75 a 1,90 peso.
Con un futuro sombrío por delante, Gori dijo que "la única salida posible es que alguien con ganas de trabajar compre la empresa, porque la marca ''San Sebastián'' todavía vale mucho. Pero no vemos voluntad empresaria, porque Storni incluso les pidió a los trabajadores que aguanten sin cobrar hasta abril o mayo del año que viene, con una promesa de reactivación".
Ese es uno de los pocos indicios de que San Sebastián quiere seguir en carrera. El otro es el empeño que pone la firma para limpiar el frente de su sede, luego de los huevazos y pintadas que cada semana le propinan sus propios trabajadores.
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