El estudio de la economía argentina exige un obligado concurso del análisis político, toda vez que nuestros gobiernos han destruido la capacidad de hacer política económica... sin que tal acontecimiento haya influido mayormente en los aficionados. Junto con la moral pública, los instrumentos necesarios fueron sacrificados en el camino del rodrigazo a la pesificación. Un racconto permitirá fundar éstos dichos; para luego, esbozar un método que permita adaptar lo tradicional a nuestra particular situación.
Las series económicas argentinas muestran que el experimento iniciado a principios de los setenta, modificó progresivamente los derroteros de las variables, agregándole notables dosis de volatilidad. Proyectar una tendencia se dificulta por las oscilaciones que impone nuestro demencial conflicto social. Desde que el Sr. Gelbard instituyera la inflación cero que detonara el Dr. Rodrigo, las finanzas públicas y la regulación extrapresupuestaria exacerbaron la imposición de una carga pública, cuya expresión financiera logramos comprimir periódicamente, hasta que nuestra debilidad patrimonial concomitante y/o algún inconveniente externo o social, la transforman en crac...
Dicho proceso es independiente de la naturaleza jurídica del gobierno en ejercicio.
El poder tiene en Argentina equilibrada distribución. Las corporaciones lo utilizan articulando alianzas que una vez impuestas, sesgan los ingresos relativos a favor del interés dominante. Los bienes públicos de la estabilidad y la neutralidad, así como la función anticíclica del presupuesto; quedan borrados del mapa, mientras el comercio exterior, huérfano de toda estrategia, se usa para manipular la competencia o redistribuir recursos. Idéntico tratamiento tiene la política monetaria y cambiaria, ésta vez mediante un entramado político enhebrado en el Directorio de un BC; cuya carta orgánica saltó por los aires cuando alguien osó invocar la conveniencia de una mayor independencia. Nobleza obliga a indicar que aquel deseo en labios de su expositor, no hizo más que evidenciar la falta de resignación por una súbita perdida de sostén político... validando más aún nuestra hipótesis.
Los dueños del poder utilizan el sistema político para favorecer sus intereses, a costa de sacrificar funciones públicas indelegables y dejando a la política económica impotente, por orfandad instrumental. Por eso monetaristas y keynesianos, neoliberales y estructuralistas, civiles y militares, fascistas y marxistas; luchan impotentes cuando descubren que los escasos grados de libertad del gobierno, no pueden utilizarse como soñaron, sino al solo efecto de realizar una demagógica compra de cohesión social que prolongue los plazos de que goza el delfín elegido, para explotar una articulación corporativa gestada en la trastienda.
Nuestra política no persigue el bien común. El presupuesto no tiene por objetivos básicos financiar las obligaciones propias del Estado y atemperar los excesos del ciclo. La política monetaria no tiene como norte una estabilidad que impida tanto explosivos guarismos inflacionarios, como usurarias tasas de interés. Nada opera con el propósito para el que fue concebido. Todo se conjuga para usufructuar el poder, concentrando beneficios y difiriendo la socialización de perdidas durante el mayor tiempo posible...
¿Cómo realizar un pronostico económico en tal ambiente?. Personalmente determino los sustitutos activos y estudio sus intereses. En definitiva, si el poder público esta ausente, el derrotero será determinado por los restantes factores de poder. Y si la autoridad monetaria perdió su capacidad orientadora, basta conocer la conveniencia de los sectores capaces de suministrar liquidez o divisas, según la urgencia. Elemental privatización de la gestión pública; porque en política, el vacío es tan artificial como en la física...
En lo fiscal y extrapresupuestario, sugiero atender el análisis de los ingresos relativos.
Por ejemplo, este año se produjo una de las mayores y más veloces redistribuciones de ingresos y riqueza de la historia. El ahorro y el salario fueron pulverizados (evitándose así la hiper), beneficiándose los deudores (con el Estado a la cabeza), el exterior y algunos colchones (éstos últimos, análogos en lo económico). Pero como el Estado carece de los recursos y la autoridad moral, que le permitan cristalizar esta estructura de precios, su devenir ganará seguramente pendularidad.
Una presión tendiente a la recuperación salarial y tarifaria condicionará los presupuestos de las empresas y el sector público (que descubrió en la emisión un olvidado mana). La reivindicación tendrá correspondencia con la distribución del poder sindical que surja de la interna del PJ. Por otra parte, la presión de las privatizadas para recuperar ingreso, podría encontrar en la actitud gremial un impensado aliado táctico. Es posible que el presupuesto legislado no tenga que ver con lo dicho, pero seguramente la ejecución presupuestaria... y extrapresupuestaria, se acercará bastante.
Luego del aborto que el aislamiento externo impusiera a la convertibilidad, y de la explosión emisionista exigida por la quiebra bancaria post default; la política monetaria, ha entrado en uno de los otrora olvidados ciclos de estabilidad fondomonetarista. Siderales tasas reales, secarán la plaza, facilitando la colocación de deuda pública y permitiendo renacer la utopía del roll over perpetuo. Pan para hoy, que le dicen...
Sin embargo, el análisis gana claridad al formular la pregunta del millón: ¿quién tiene la plata?. Ya que el análisis de la conducta de tal grupo, anticipará la política monetaria real. Esos tenedores, y no el BC, son hoy en día nuestra autoridad monetaria. Los dólares salvados de la confiscación, están invertidos en el exterior o atesorados localmente. Según estimaciones, éste último stock más que duplica las reservas del Central, hecho que indica que éste perdió la capacidad de regulación económica y cambiaria.
Veamos las principales conclusiones que emergen de los sesgos impuestos por las fuerzas en pugna...
1.        El gasto público será expansivo, ya que la puja por mayores salarios y tarifas, junto a la presión tendiente a retomar la atención de los compromisos externos, impondrá un aumento en sus rubros principales.
2.        La política tributaria probablemente tenga un rigor menor al esperado, por la debilidad política del duhaldismo y del gobierno a venir... ¡si el príncipe abdica, naturalmente!.
3.        Esto implica que el Estado requerirá mayor endeudamiento en un marco de emisión acotada... por lo menos, hasta que incumplamos los acuerdos a firmarse.
4.        El fondeo internacional será microscópico en comparación a la fuga de capitales, que quedará en evidencia cuando se comparen los flujos comerciales informados por el INDEC y el resto del mundo.
Descartado el fondeo externo, la llave de la cuestión la tiene el sector privado que ha atesorado.
Si los hechos políticos mejoran sus expectativas, el endeudamiento público neto encontrará una mayor demanda de activos financieros locales, y una paulatina apreciación coronará una estabilidad inestable que brindará una cosmética útil en lo electoral. Pero si el conflicto político en ciernes las deteriora, solo una caída del ingreso podrá equilibrar el sistema, en especial considerando el empapelamiento forzado al que el régimen no puede ni quiere renunciar. La consecuencia de esto sería probablemente, un default del default.
Una de estas dos alternativas marcará la coyuntura...
En el largo plazo, la carencia de un proceso de inversión financiado con ahorro nacional público y privado; y dirigido a la producción de transables, hace innecesario cualquier otro comentario.
BARUCH
Las series económicas argentinas muestran que el experimento iniciado a principios de los setenta, modificó progresivamente los derroteros de las variables, agregándole notables dosis de volatilidad. Proyectar una tendencia se dificulta por las oscilaciones que impone nuestro demencial conflicto social. Desde que el Sr. Gelbard instituyera la inflación cero que detonara el Dr. Rodrigo, las finanzas públicas y la regulación extrapresupuestaria exacerbaron la imposición de una carga pública, cuya expresión financiera logramos comprimir periódicamente, hasta que nuestra debilidad patrimonial concomitante y/o algún inconveniente externo o social, la transforman en crac...
Dicho proceso es independiente de la naturaleza jurídica del gobierno en ejercicio.
El poder tiene en Argentina equilibrada distribución. Las corporaciones lo utilizan articulando alianzas que una vez impuestas, sesgan los ingresos relativos a favor del interés dominante. Los bienes públicos de la estabilidad y la neutralidad, así como la función anticíclica del presupuesto; quedan borrados del mapa, mientras el comercio exterior, huérfano de toda estrategia, se usa para manipular la competencia o redistribuir recursos. Idéntico tratamiento tiene la política monetaria y cambiaria, ésta vez mediante un entramado político enhebrado en el Directorio de un BC; cuya carta orgánica saltó por los aires cuando alguien osó invocar la conveniencia de una mayor independencia. Nobleza obliga a indicar que aquel deseo en labios de su expositor, no hizo más que evidenciar la falta de resignación por una súbita perdida de sostén político... validando más aún nuestra hipótesis.
Los dueños del poder utilizan el sistema político para favorecer sus intereses, a costa de sacrificar funciones públicas indelegables y dejando a la política económica impotente, por orfandad instrumental. Por eso monetaristas y keynesianos, neoliberales y estructuralistas, civiles y militares, fascistas y marxistas; luchan impotentes cuando descubren que los escasos grados de libertad del gobierno, no pueden utilizarse como soñaron, sino al solo efecto de realizar una demagógica compra de cohesión social que prolongue los plazos de que goza el delfín elegido, para explotar una articulación corporativa gestada en la trastienda.
Nuestra política no persigue el bien común. El presupuesto no tiene por objetivos básicos financiar las obligaciones propias del Estado y atemperar los excesos del ciclo. La política monetaria no tiene como norte una estabilidad que impida tanto explosivos guarismos inflacionarios, como usurarias tasas de interés. Nada opera con el propósito para el que fue concebido. Todo se conjuga para usufructuar el poder, concentrando beneficios y difiriendo la socialización de perdidas durante el mayor tiempo posible...
¿Cómo realizar un pronostico económico en tal ambiente?. Personalmente determino los sustitutos activos y estudio sus intereses. En definitiva, si el poder público esta ausente, el derrotero será determinado por los restantes factores de poder. Y si la autoridad monetaria perdió su capacidad orientadora, basta conocer la conveniencia de los sectores capaces de suministrar liquidez o divisas, según la urgencia. Elemental privatización de la gestión pública; porque en política, el vacío es tan artificial como en la física...
En lo fiscal y extrapresupuestario, sugiero atender el análisis de los ingresos relativos.
Por ejemplo, este año se produjo una de las mayores y más veloces redistribuciones de ingresos y riqueza de la historia. El ahorro y el salario fueron pulverizados (evitándose así la hiper), beneficiándose los deudores (con el Estado a la cabeza), el exterior y algunos colchones (éstos últimos, análogos en lo económico). Pero como el Estado carece de los recursos y la autoridad moral, que le permitan cristalizar esta estructura de precios, su devenir ganará seguramente pendularidad.
Una presión tendiente a la recuperación salarial y tarifaria condicionará los presupuestos de las empresas y el sector público (que descubrió en la emisión un olvidado mana). La reivindicación tendrá correspondencia con la distribución del poder sindical que surja de la interna del PJ. Por otra parte, la presión de las privatizadas para recuperar ingreso, podría encontrar en la actitud gremial un impensado aliado táctico. Es posible que el presupuesto legislado no tenga que ver con lo dicho, pero seguramente la ejecución presupuestaria... y extrapresupuestaria, se acercará bastante.
Luego del aborto que el aislamiento externo impusiera a la convertibilidad, y de la explosión emisionista exigida por la quiebra bancaria post default; la política monetaria, ha entrado en uno de los otrora olvidados ciclos de estabilidad fondomonetarista. Siderales tasas reales, secarán la plaza, facilitando la colocación de deuda pública y permitiendo renacer la utopía del roll over perpetuo. Pan para hoy, que le dicen...
Sin embargo, el análisis gana claridad al formular la pregunta del millón: ¿quién tiene la plata?. Ya que el análisis de la conducta de tal grupo, anticipará la política monetaria real. Esos tenedores, y no el BC, son hoy en día nuestra autoridad monetaria. Los dólares salvados de la confiscación, están invertidos en el exterior o atesorados localmente. Según estimaciones, éste último stock más que duplica las reservas del Central, hecho que indica que éste perdió la capacidad de regulación económica y cambiaria.
Veamos las principales conclusiones que emergen de los sesgos impuestos por las fuerzas en pugna...
1.        El gasto público será expansivo, ya que la puja por mayores salarios y tarifas, junto a la presión tendiente a retomar la atención de los compromisos externos, impondrá un aumento en sus rubros principales.
2.        La política tributaria probablemente tenga un rigor menor al esperado, por la debilidad política del duhaldismo y del gobierno a venir... ¡si el príncipe abdica, naturalmente!.
3.        Esto implica que el Estado requerirá mayor endeudamiento en un marco de emisión acotada... por lo menos, hasta que incumplamos los acuerdos a firmarse.
4.        El fondeo internacional será microscópico en comparación a la fuga de capitales, que quedará en evidencia cuando se comparen los flujos comerciales informados por el INDEC y el resto del mundo.
Descartado el fondeo externo, la llave de la cuestión la tiene el sector privado que ha atesorado.
Si los hechos políticos mejoran sus expectativas, el endeudamiento público neto encontrará una mayor demanda de activos financieros locales, y una paulatina apreciación coronará una estabilidad inestable que brindará una cosmética útil en lo electoral. Pero si el conflicto político en ciernes las deteriora, solo una caída del ingreso podrá equilibrar el sistema, en especial considerando el empapelamiento forzado al que el régimen no puede ni quiere renunciar. La consecuencia de esto sería probablemente, un default del default.
Una de estas dos alternativas marcará la coyuntura...
En el largo plazo, la carencia de un proceso de inversión financiado con ahorro nacional público y privado; y dirigido a la producción de transables, hace innecesario cualquier otro comentario.
BARUCH
