Antes de presentar su renuncia como Secretario del Tesoro, el Sr. John Snow declaró que las naciones del orbe deberían cooperar más con su país para que éste lograra encauzar sus desequilibrios externos. Además, se manifestó partidario de un dólar fuerte; aunque circunscribiendo el adjetivo a la condición propia de cualquier bien transado en un mercado. Y luego, la gran Machinea...
Con un lenguaje poco menos que greenspaniano, el capitoste sugirió que:
1.El gran país del norte es victima de la indiferencia, cuando no de la malicia, del resto del mundo.
2.Enfrentado a tamaña conjura, su pueblo es incapaz de seguir una conducta financiera razonable.
3.Si toda moneda libremente transada se reputa fuerte, y la flotación adquiere un carácter sacrosanto, el tipo de cambio deja de ser un instrumento y se convierte en un dato.
Permítaseme ahora considerar la congruencia de tales inferencias y reflexionar con el inversor...
Sobre su emperador, Clemens Von Metternich contaba que ciertos hechos lo habían convertido en un hombre que confundía temor con prudencia y estancamiento con estabilidad. Por tal motivo, él había concluido que solo un derecho de intervención generalizado permitiría amoldar el ámbito europeo a las necesidades de Austria, y así, diferir el corrosivo efecto de la esclerosis conservadora. En tal sentido, la primera inferencia del ex Secretario yankee resultaría verdadera y compatible con la teoría que sostengo.
Efectivamente, el Tío Sam perdió la autoridad moral necesaria para contrariar a su pueblo; motivo por el cual sus iniciativas deben circunscribirse a acciones que le brinden una satisfacción inmediata. Así, el poder deviene en una función discontinua, en que los costos, cuando emergen, deben ser con cargo al extranjero. Ergo, se niegan las obligaciones propias para con el ajuste; o se las acepta, a lo sumo, en dosis homeopáticas.
Con un déficit externo lanzado hacia el millón de millones, lo más probable es que el poder renuncie a una conjura temprana. Debiera el inversor comprender que ante tamaños desequilibrios, cualquier gobierno resultará un fiel aliado del statu quo.
Conciente de esa restricción y subordinado a un pueblo que tiene en el gasto compulsivo su rasgo típico, cualquier administración se sentirá paralizada. Le será muy difícil poner un limite o morigerar la adicción; sin importar que para ello deba expandir el crédito ad nauseam o, por el contrario, deflacionar usurariamente al resto del mundo. ¿No comprenden que eso puede tener repercusiones nefastas?, ¡que hasta una madre contraría a su hijo frente a una libra de chocolate! reflexionarán algunos.
Quienes así razonan, ignoran la naturaleza del hombre moderno y de la democracia de masas. En ella, el ciudadano desconoce cualquier autoridad superior a la suya propia; que subordinará, únicamente, a los avatares del destino. Esta desopilante postura se combina con otras que la tornan aún más perversa. En primer lugar, no acepta que la igualdad sea el reverso de la imparcialidad jurídica; motivo por el cual, convalidará todo despotismo legal que favorezca sus caprichos. En segundo, idolatra la tecnología, pero no respeta los institutos sociales que hicieron posible su desarrollo.
Debe el inversor comprender que, probablemente, solo el mercado pueda restringir a tan bárbaro personaje; y no precisamente mediante una acción ilustrada y paciente, sino por el mero imperio de la escasez. Ergo, puede que la aversión al riesgo inicie un desarrollo que doblegue a la usura.
Pero fue en lo cambiario donde el resignado laissez faire, laissez passer del burócrata, rozó la impotencia...
Como sabe, sostengo que los EEUU tratan de endosarle al mundo su caos financiero mediante una notable devaluación real; sin haber notado que la filantropía que eso requiere será limitada y onerosa. Y, casualmente, tal hipótesis ha cosechado un nuevo aval; pero no porque a mi se me antoje, sino por manifestarlo otros de mayor jerarquía y poder. En efecto, el ministro de economía chino ratificó, una vez más y con inusual énfasis, que la apreciación del yuan será tan parsimoniosa como las restantes expresiones de su milenaria cultura. Y un jerarca del Banco Central Europeo manifestó, no sin alguna insidia, que la apreciación del euro contraría la reactivación económica del viejo continente.
Debe el inversor comprender que cierta debilidad en el dólar puede ser una condición necesaria del ajuste estadounidense; pero que una vez alineados los costos, se vuelve fútil si no concurren los institutos fundamentales que le brindan estabilidad.
No tengo duda de que, a esta altura, habrá Ud. comprendido porque se fue el viejo Jack...
BARUCH
Con un lenguaje poco menos que greenspaniano, el capitoste sugirió que:
1.El gran país del norte es victima de la indiferencia, cuando no de la malicia, del resto del mundo.
2.Enfrentado a tamaña conjura, su pueblo es incapaz de seguir una conducta financiera razonable.
3.Si toda moneda libremente transada se reputa fuerte, y la flotación adquiere un carácter sacrosanto, el tipo de cambio deja de ser un instrumento y se convierte en un dato.
Permítaseme ahora considerar la congruencia de tales inferencias y reflexionar con el inversor...
Sobre su emperador, Clemens Von Metternich contaba que ciertos hechos lo habían convertido en un hombre que confundía temor con prudencia y estancamiento con estabilidad. Por tal motivo, él había concluido que solo un derecho de intervención generalizado permitiría amoldar el ámbito europeo a las necesidades de Austria, y así, diferir el corrosivo efecto de la esclerosis conservadora. En tal sentido, la primera inferencia del ex Secretario yankee resultaría verdadera y compatible con la teoría que sostengo.
Efectivamente, el Tío Sam perdió la autoridad moral necesaria para contrariar a su pueblo; motivo por el cual sus iniciativas deben circunscribirse a acciones que le brinden una satisfacción inmediata. Así, el poder deviene en una función discontinua, en que los costos, cuando emergen, deben ser con cargo al extranjero. Ergo, se niegan las obligaciones propias para con el ajuste; o se las acepta, a lo sumo, en dosis homeopáticas.
Con un déficit externo lanzado hacia el millón de millones, lo más probable es que el poder renuncie a una conjura temprana. Debiera el inversor comprender que ante tamaños desequilibrios, cualquier gobierno resultará un fiel aliado del statu quo.
Conciente de esa restricción y subordinado a un pueblo que tiene en el gasto compulsivo su rasgo típico, cualquier administración se sentirá paralizada. Le será muy difícil poner un limite o morigerar la adicción; sin importar que para ello deba expandir el crédito ad nauseam o, por el contrario, deflacionar usurariamente al resto del mundo. ¿No comprenden que eso puede tener repercusiones nefastas?, ¡que hasta una madre contraría a su hijo frente a una libra de chocolate! reflexionarán algunos.
Quienes así razonan, ignoran la naturaleza del hombre moderno y de la democracia de masas. En ella, el ciudadano desconoce cualquier autoridad superior a la suya propia; que subordinará, únicamente, a los avatares del destino. Esta desopilante postura se combina con otras que la tornan aún más perversa. En primer lugar, no acepta que la igualdad sea el reverso de la imparcialidad jurídica; motivo por el cual, convalidará todo despotismo legal que favorezca sus caprichos. En segundo, idolatra la tecnología, pero no respeta los institutos sociales que hicieron posible su desarrollo.
Debe el inversor comprender que, probablemente, solo el mercado pueda restringir a tan bárbaro personaje; y no precisamente mediante una acción ilustrada y paciente, sino por el mero imperio de la escasez. Ergo, puede que la aversión al riesgo inicie un desarrollo que doblegue a la usura.
Pero fue en lo cambiario donde el resignado laissez faire, laissez passer del burócrata, rozó la impotencia...
Como sabe, sostengo que los EEUU tratan de endosarle al mundo su caos financiero mediante una notable devaluación real; sin haber notado que la filantropía que eso requiere será limitada y onerosa. Y, casualmente, tal hipótesis ha cosechado un nuevo aval; pero no porque a mi se me antoje, sino por manifestarlo otros de mayor jerarquía y poder. En efecto, el ministro de economía chino ratificó, una vez más y con inusual énfasis, que la apreciación del yuan será tan parsimoniosa como las restantes expresiones de su milenaria cultura. Y un jerarca del Banco Central Europeo manifestó, no sin alguna insidia, que la apreciación del euro contraría la reactivación económica del viejo continente.
Debe el inversor comprender que cierta debilidad en el dólar puede ser una condición necesaria del ajuste estadounidense; pero que una vez alineados los costos, se vuelve fútil si no concurren los institutos fundamentales que le brindan estabilidad.
No tengo duda de que, a esta altura, habrá Ud. comprendido porque se fue el viejo Jack...
BARUCH
