Que me perdonen las prostitutas...pero los políticos le hacen competencia desleal.
Ofrecen satisfacción plena al costo más bajo.
Una de las constantes de los últimos meses, en argentina ha sido volverse hacia el Estado como solución a los problemas planteados.
Más allá de los limites que expresan las reivindicaciones que se dirigen a un Estado que está, por otra parte, en el corazón de muchas denuncias (privatizaciones, flexibilidad, desreglamentación, precarización, falta de justicia, educación, etc), lo que más me interesa aquí es la postura de los padres de la Patria, debido a que es muy difícil imaginar un nuevo Presidente que pueda gobernar sin recurrir a la Banelco para que lo dejen gobernar.
Esos padres de la Patria no se contentan ya con apoyar un Estado-benefactor (¿beneficiencia para quién?) moribundo, sino que intenta una verdadera rehabilitación de su papel, con ideas tan locas como reestatizar YPF.
Para algunos políticos funestos, como Khisner o Rodriguez Saa o Moreau, el Estado no es solamente el garante de unos derechos sociales que enumera con entusiasmo, sino que también está asociado ¡al estatuto de una civilización!
Se trata de defender una visión del Estado contra otra, una civilización contra otra. En suma, un buen Estado social y republicano frente al Estado liberal y elitista, la civilización del trabajo contra la del paro.
Olvidan decir que los derechos que tanto celebran fueron conquistados a fuerza de lucha contra ese mismo Estado que hoy defienden.
En la misma lógica neoizquierdista, predican el mantenimiento de esos derechos, no por una prolongación de esos mismos movimientos sociales, sino en primer lugar por una presión sobre los detentadores del poder.
La relación de fuerza permanente no tendría que ejercerse contra el capital con el fin de abolir el Estado y el salario. Se trata más bien de situarse en el interior de la relación capital/trabajo con el fin de modificarla en favor del poder estatal.
La confianza ciega en ese poder, que niega toda autonomía y toda subjetividad propia al movimiento colectivo de los explotados (trabajadores flexibilizados, asalariados intermitentes y precarios de todos los géneros, con o sin papeles), es uno de los fundamentos de la teoría reformista: no se trata de atacar al enemigo en el corazón, sino de mejorar la situación presente mediante la intervención de un mediador universal y teóricamente neutro (¿qué es si no un mediador?): el Estado.
Todo esto significa olvidar demasiado rápido el papel histórico del Estado tanto en el desarrollo del capitalismo (orientación de la producción) y de su fortalecimiento, como en la represión de los movimientos sociales. El ejemplo de los espartakistas alemanes masacrados en 1919 por un Estado dirigido por socialdemócratas es significativo a este respecto, tanto como su papel actual en China para imponer un capitalismo de los más salvajes.
Como cada vez más personas escapan al control directo del capital debido la restricción del salariado en los países ricos, el Estado se encarga a la vez de calmar a esa masa de precarios por un sistema de subsidios limitados y de reprimirlos preventivamente: video-vigilancia, multiplicación de policías paralelas (agentes municipales, vigilantes, controladores, trabajadores sociales... a menudo antiguos precarios).
¡Tenemos que apagar el fuego!, después buscaremos a los culpables dice Khisner como arenga permanente-.
Frente a esta tentativa de embellecer un Estado-providencial casi delictuoso y de suplicarle que sea lo que no puede ser, ¿no hay lugar para otros horizontes?
El "derecho a trabajar", que fue teorizado y desvirtuado convirtiéndose en "salario garantizado" a traves de los planes "no trabajar", significa reintegrar al Estado en un circuito del que había desaparecido.
La sociedad argentina vuelve a perder la oportunidad de andar sobre los propios pies para dejar su lugar al reclamo de la intervención estatal.
¡Estamos condenados al éxito !
