Siempre me ha fascinado la Estupidez.
La mía, por supuesto; y eso es una causa suficientemente grande de ansiedad.
Pero las cosas se vuelven mucho peores cuando uno tiene la oportunidad de encontrar como la Gente Grande toma Decisiones Grandes.
Generalmente tendemos a culpar a la perversidad intencional, a la malicia astuta, la megalomanía, etc. de las malas decisiones. Están allí, por supuesto; pero cualquier estudio cuidadoso de la historia, o de los eventos actuales, lleva a la invariable conclusión que la fuente más grande de los terribles errores es la pura estupidez. Cuando se combina con otros factores (como sucede a menudo) los resultados pueden ser devastadores.
Uno de los muchos ejemplos de estupidez es que la intriga y el poder de la manipulación bélica se llaman "maquiavélicos". Obviamente nadie ha leído los libros de Maquiavelo.
Otra cosa que me sorprende (¿o no?) es el escaso material dedicado al estudio de un tema tan importante. Existen departamentos universitarios para analizar las complejidades matemáticas de los movimientos de las hormigas del Amazonas, o la historia medieval de la isla de Perima; pero nunca he sabido de una Fundación o Consejo Consultivo que apoye los estudios de la Estupidología.
He encontrado muy pocos libros buenos sobre el tema. Uno que leí cuando era adolescente, y que nunca olvidé, se llama Una Breve Introducción a la Historia de la Estupidez Humana de Walter B. Pitkin de la Universidad de Columbia, publicado en 1934.
En la opinión de Pitkin, cuatro de cada cinco gentes son lo suficientemente estúpidos para ser llamados "estúpidos". Eso equivaldría a quinientos millones de gentes cuando escribió el libro; ahora son más de cuatro mil millones. Esto por si mismo es bastante estúpido.
El observó que uno de los problemas de la Estupidez es que nadie tiene una definición realmente buena de lo que es. De hecho los genios son a menudo considerados estúpidos por una mayoría estúpida (aunque nadie tiene tampoco una buena definición de genio). Pero la estupidez definitivamente se encuentra allí, y hay mucho más de lo que nuestras pesadillas mas desbordadas pudieran sugerir. De hecho domina al mundo --lo cual es muy claramente comprobado por la forma en que se gobierna al mundo.
Pero alguien, cincuenta años después, llegó con una definición bastante interesante. Su nombre es Carlo M. Cipolla quien es Profesor Emérito de Historia Económica en Berkeley. Todos sus libros se han publicado en inglés, excepto dos. El primero fué publicado por "Il Mulino" en Bolonia en 1988.
En ese libro hay un pequeño ensayo intitulado Las Leyes Básicas de la Estupidez Humana, que puede ser lo mejor que se ha escrito sobre la materia.
Aquí siguen las Cinco Leyes de la Estupidez, según Carlo Cipolla:
Primera Ley
Siempre subestimamos el número de gente estúpida.
Esto no es tan obvio como parece, dice Cipolla, porque:
a. gentes que habíamos pensado como racionales e inteligentes repentinamente resultan ser estúpidas sin lugar a dudas.
y
b. día tras día nosotros estamos afectados en cualquier cosa que hagamos por gente estúpida quienes invariablemente se aparecen en los lugares menos apropiados.
El también observa que es imposible establecer un porcentaje, ya que cualquier número que escojamos será demasiado pequeño.
Segunda Ley
La probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la persona..
Si estudiamos la frecuencia de la estupidez en las gentes que llegan a limpiar los salones de clase después de que se han ido los alumnos y los maestros, encontraremos que es mucho más alta de lo que esperábamos. Podríamos suponer que está relacionada al bajo nivel de educación, o al hecho de que la gente no estúpida tiene mejores oportunidades de conseguir buenos trabajos. Pero cuando analizamos a los estudiantes o a los profesores universitarios (o, añadiría yo, a los programadores de computadoras) la distribución es exactamente la misma.
Los militantes feministas pueden encenderse, dice Cipolla, pero el factor estupidez es el mismo en ambos géneros (o en tantos géneros o sexos como usted decida considerar). Ninguna diferencia en el factor épsilon [estupidez], siguiendo a Cipolla, se puede encontrar por raza, condición étnica, educación, etcétera.
Tercera Ley (la de Oro)
Una persona estúpida es alguien que ocasiona daño a otra persona, o a un grupo de gentes, sin conseguir ventajas para ella misma --o aun resultando dañada.
(Regresaremos a esto, porque es el concepto central de la Teoría de Cipolla)
Cuarta Ley
La gente no estúpida siempre subestima el poder de causar daño de la gente estúpida. Constantemente se les olvida que en cualquier momento, y bajo cualquier circunstancia, el asociarse con gente estúpida invariablemente constituye un error costoso.
Esto sugeriría (diría yo) que la gente no estúpida es un poco estúpida --pero regresaré a este punto al fina
Quinta Ley
Una persona estúpida es la persona más peligrosa que puede existir.
Esta es probablemente la más ampliamente entendida de las Leyes, si bien solamente porque es del conocimiento común que las gentes inteligentes, sin importar lo hostiles que puedan ser, son predecibles, mientras que las gentes estúpidas no lo son. Además, su corolario básico:
Una persona estúpida es más peligrosa que un delincuente
nos conduce a la parte medular de la Teoría de Cipolla. Existen cuatro tipos de gente, dice, dependiendo de su comportamiento en una transacción:
Desgraciado: alguien cuyas acciones tienden a generar auto daño, pero que también crean ventajas para alguien más.
Inteligente: alguien cuyas acciones tienden a generarle ventajas, al igual que ventajas para otros.
Bandido: Alguien cuyas acciones tienden a generarle ventajas, al mismo tiempo que ocasionan daños a otros.
Estúpido: Ya tenemos esta definición en la Tercera Ley.
Pero esto no es todavía el final de la historia.
En un mundo poblado exclusivamente por "delincuentos perfectos", el sistema como un todo quedaría equilibrado; los daños y las ventajas se cancelarían mutuamente. El mismo efecto ocurriría en un mundo poblado exclusivamente por gente "perfectamente desafortunadas".
Por supuesto las personas inteligentes hacen la mayor contribución a la sociedad como un todo. Pero, tan feo como pueda parecer, los delincuentes inteligentes también contribuyen a una mejora en el balance de la sociedad al ocasionar mas ventajas que daños globalmente. Las gentes "desafortunadas-inteligentes", aunque de manera individual pierden, también pueden tener socialmente efectos positivos.
Sin embargo, cuando la estupidez entra en escena, el daño es enormemente mayor que el beneficio a cualquiera.
Esto comprueba el punto original: el único factor más peligroso en cualquier sociedad humana es la estupidez.
Como un historiador, Cipolla señala que, en tanto que el factor estupidez es constante a través del tiempo, al igual que del espacio, una sociedad fuerte en ascenso tiene un porcentaje mayor de gente inteligente, en tanto que una sociedad que declina tiene un alarmante porcentaje de delincuentes con un fuerte factor de estupidez entre la gente en el poder, y un igualmente alarmante porcentaje de desafortunados entre aquellos que no están en el poder.
¿Te preguntaste donde estamos ahora, en Argentina? Esa es la pregunta....y obvia la respuesta.
Cipolla también observa que las gentes inteligentes generalmente saben que lo son, los bandidos también están conscientes de su actitud, y aun las gentes desafortunadas tienen una sospecha penetrante de que no todo está bien.
Pero las gentes estúpidas no saben que son estúpidas, y esta es una razón más por que son extremadamente peligrosos.
Lo cual por supuesto me remite a mi pregunta original y dolorosa: ¿ soy estúpido?
He pasado varias pruebas de coeficientes de inteligencia con buenas calificaciones. Desafortunadamente, sé como funcionan estas pruebas y que estas nada demuestran.
Varias gentes me han dicho que soy inteligente. Pero eso tampoco demuestra algo. Estas personas pueden ser tal vez muy consideradas como para decirme la verdad. A la inversa, podrían estar intentando usar mi estupidez para sus propios fines ventajosos. O podrían ser tan estúpidos como yo.
Quedo con una pequeña cuota de esperanza: muy a menudo estoy intensamente consciente de cuan estúpido soy ( o he sido). Y esto indica que no soy completamente estúpido.
Ojala nuestro Presidente pueda decir lo mismo.
