: un campo de concentración y tortura
Amnistía Internacional
Desde enero y a lo largo del año, Estados Unidos procedió al traslado de más de 600 ciudadanos extranjeros hasta la base naval estadounidense situada en la bahía de Guantánamo, Cuba, donde permanecen recluidos sin cargos ni juicio y sin acceso a tribunales, abogados o familiares.
Aunque la mayoría de ellos fueron detenidos durante el conflicto armado en Afganistán, Estados Unidos se negó a reconocerles la condición de prisioneros de guerra conforme a los Convenios de Ginebra y a permitirles ejercitar otros derechos que los asistían en virtud de las normas internacionales de derechos humanos. Los intentos de impugnar la legitimidad de las detenciones ante tribunales de Estados Unidos o de otros lugares no dieron ningún fruto, aunque había varias causas pendientes al final del año. Se hizo caso omiso de un llamamiento urgente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos al gobierno estadounidense para que encomendara a un tribunal competente la determinación de la condición jurídica de los detenidos.
Las condiciones soportadas por los detenidos durante su traslado a la base de Guantánamo y su reclusión fueron motivo de gran preocupación. Durante los vuelos, que duraban 22 horas, los presos permanecían esposados y encadenados y eran obligados a llevar manoplas, mascarillas quirúrgicas y orejeras, además de unas gafas protectoras cubiertas de cinta adhesiva que les impedían ver. También les raparon la cabeza y les afeitaron la barba. Al principio los detenidos fueron recluidos en la unidad de la base naval denominada Camp X-Ray, instalación provisional formada por pequeñas celdas de malla metálica, expuestas a la intemperie e iluminadas toda la noche por potentes lámparas de arco. Los presos debían llevar grilletes cada vez que los sacaban de sus celdas y prácticamente no les permitían salir de ellas para hacer ejercicio.
Posteriormente, se construyó una prisión con un carácter más estable, Camp Delta, donde empezaron a ser alojados los detenidos a partir de abril de este año. En la nueva instalación seguían recluidos las 24 horas del día y en celdas más reducidas aún que las de Camp X-Ray. Algunos presos se declararon en huelga de hambre durante el año, y también hubo informes sobre varios intentos de suicidio.
Amnistía Internacional no obtuvo respuesta a sus reiteradas peticiones para visitar Guantánamo. En diciembre, la organización escribió al gobierno estadounidense para reiterarle sus motivos de preocupación, planteados en un memorando presentado en abril, y para solicitar la repatriación de los detenidos en Guantánamo si no se los acusaba de delitos comunes reconocibles y se les reconocía el derecho al debido proceso en virtud del derecho internacional.
Varios presuntos miembros de la organización Al Qaeda que, según informes, habían sido puestos bajo custodia estadounidense, continuaban privados de libertad en lugares no revelados. El gobierno estadounidense no hizo aclaración alguna sobre el paradero y la situación jurídica de los detenidos ni respetó sus derechos en virtud de la legislación internacional, como el derecho a que los familiares fueran informados del lugar de detención y el derecho de acceso a representantes legales y consulares. Al parecer, un número desconocido de detenidos que estaban inicialmente bajo la custodia de Estados Unidos fueron posteriormente transferidos a terceros países, lo cual suscitó la preocupación de que los sospechosos pudieran ser torturados en el curso de interrogatorios.
Al acabar el año, dos ciudadanos estadounidenses continuaban bajo custodia militar en Estados Unidos, recluidos sin cargos ni juicio y en régimen de incomunicación como combatientes enemigos. Según informes, Yaser Esam Hamdi se había entregado a la Alianza del Norte en Afganistán a finales de 2001 y en abril fue trasladado a Virginia desde la bahía de Guantánamo. José Padilla fue detenido en mayo en el aeropuerto de Chicago y recluido inicialmente en virtud de una orden de detención como testigo esencial con acceso a un abogado por sospecharse su participación en una presunta conspiración para lanzar una bomba sucia radiactiva contra un objetivo estadounidense. El 9 de junio, fue transferido a la custodia del ejército estadounidense sin que se informara de ello a su abogado de oficio. El 4 de diciembre, un juez de distrito federal dictó una resolución según la cual José Padilla podía tener acceso a su abogado si se cumplían ciertas condiciones. No obstante, al terminar el año aún no se habían acordado las condiciones de acceso.
Fuente: Argenpress, 2003.
Amnistía Internacional
Desde enero y a lo largo del año, Estados Unidos procedió al traslado de más de 600 ciudadanos extranjeros hasta la base naval estadounidense situada en la bahía de Guantánamo, Cuba, donde permanecen recluidos sin cargos ni juicio y sin acceso a tribunales, abogados o familiares.
Aunque la mayoría de ellos fueron detenidos durante el conflicto armado en Afganistán, Estados Unidos se negó a reconocerles la condición de prisioneros de guerra conforme a los Convenios de Ginebra y a permitirles ejercitar otros derechos que los asistían en virtud de las normas internacionales de derechos humanos. Los intentos de impugnar la legitimidad de las detenciones ante tribunales de Estados Unidos o de otros lugares no dieron ningún fruto, aunque había varias causas pendientes al final del año. Se hizo caso omiso de un llamamiento urgente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos al gobierno estadounidense para que encomendara a un tribunal competente la determinación de la condición jurídica de los detenidos.
Las condiciones soportadas por los detenidos durante su traslado a la base de Guantánamo y su reclusión fueron motivo de gran preocupación. Durante los vuelos, que duraban 22 horas, los presos permanecían esposados y encadenados y eran obligados a llevar manoplas, mascarillas quirúrgicas y orejeras, además de unas gafas protectoras cubiertas de cinta adhesiva que les impedían ver. También les raparon la cabeza y les afeitaron la barba. Al principio los detenidos fueron recluidos en la unidad de la base naval denominada Camp X-Ray, instalación provisional formada por pequeñas celdas de malla metálica, expuestas a la intemperie e iluminadas toda la noche por potentes lámparas de arco. Los presos debían llevar grilletes cada vez que los sacaban de sus celdas y prácticamente no les permitían salir de ellas para hacer ejercicio.
Posteriormente, se construyó una prisión con un carácter más estable, Camp Delta, donde empezaron a ser alojados los detenidos a partir de abril de este año. En la nueva instalación seguían recluidos las 24 horas del día y en celdas más reducidas aún que las de Camp X-Ray. Algunos presos se declararon en huelga de hambre durante el año, y también hubo informes sobre varios intentos de suicidio.
Amnistía Internacional no obtuvo respuesta a sus reiteradas peticiones para visitar Guantánamo. En diciembre, la organización escribió al gobierno estadounidense para reiterarle sus motivos de preocupación, planteados en un memorando presentado en abril, y para solicitar la repatriación de los detenidos en Guantánamo si no se los acusaba de delitos comunes reconocibles y se les reconocía el derecho al debido proceso en virtud del derecho internacional.
Varios presuntos miembros de la organización Al Qaeda que, según informes, habían sido puestos bajo custodia estadounidense, continuaban privados de libertad en lugares no revelados. El gobierno estadounidense no hizo aclaración alguna sobre el paradero y la situación jurídica de los detenidos ni respetó sus derechos en virtud de la legislación internacional, como el derecho a que los familiares fueran informados del lugar de detención y el derecho de acceso a representantes legales y consulares. Al parecer, un número desconocido de detenidos que estaban inicialmente bajo la custodia de Estados Unidos fueron posteriormente transferidos a terceros países, lo cual suscitó la preocupación de que los sospechosos pudieran ser torturados en el curso de interrogatorios.
Al acabar el año, dos ciudadanos estadounidenses continuaban bajo custodia militar en Estados Unidos, recluidos sin cargos ni juicio y en régimen de incomunicación como combatientes enemigos. Según informes, Yaser Esam Hamdi se había entregado a la Alianza del Norte en Afganistán a finales de 2001 y en abril fue trasladado a Virginia desde la bahía de Guantánamo. José Padilla fue detenido en mayo en el aeropuerto de Chicago y recluido inicialmente en virtud de una orden de detención como testigo esencial con acceso a un abogado por sospecharse su participación en una presunta conspiración para lanzar una bomba sucia radiactiva contra un objetivo estadounidense. El 9 de junio, fue transferido a la custodia del ejército estadounidense sin que se informara de ello a su abogado de oficio. El 4 de diciembre, un juez de distrito federal dictó una resolución según la cual José Padilla podía tener acceso a su abogado si se cumplían ciertas condiciones. No obstante, al terminar el año aún no se habían acordado las condiciones de acceso.
Fuente: Argenpress, 2003.
