¿Hasta cuándo seguirá desafiando al FMI y mercados?
Por Luis R. Secco
columnista de Ambito Financiero
La pregunta se escucha de manera cada vez más frecuente dentro y fuera de la Argentina: ¿hasta cuándo podrá la Argentina seguir desafiando al FMI y al mercado financiero inter-nacional, demorando la salida del default? Lamentablemente, y digo lamentablemente porque estoy convencido de que lo peor que le puede pasar a la Argentina del mediano y largo plazo es estirar en el tiempo su condición, resulta muy probable que en 2004 no se produzcan grandes avances en la mate-ria.
Existen varios factores que juegan en tal sentido. En primer lugar, luego de crecer alrededor de 8% en 2003, en 2004 la Argentina crecerá más de 5%, y mientras la economía siga creciendo resulta difícil que la administración Kirchner en particular, y la clase dirigente y la opinión pública más en general, perciban que existen costos (tangibles) asociados al default. Existe consenso de que el crecimiento se irá desacelerando a lo largo del año, pero hasta qué punto dicha desaceleración será lo suficientemente perceptible como para gatillar un cambio en las políticas oficiales. Segundo, las condiciones financieras y reales externas seguirán soplando a favor.
Perspectiva envidiable
Los precios de las commodities de exportación por encima del promedio de los últimos 15 años, un dólar que se depreció en lo que va del año 40% frente al euro, abundante liquidez internacional con las tasas de interés internacionales más bajas de los últimas cuatro décadas, y el crecimiento de la región y del mundo ganando tiempo, configuran un conjunto de condiciones que en perspectiva histórica resulta envidiable. Aun cuando su voluntario aislamiento no le permite a la Argentina aprovechar por completo estas excepcionales condiciones externas, está claro que el favorable comportamiento mostrado por la mayoría de las variables reales, monetarias, financieras y fiscales de 2003 encuentran en ellas su explicación. No es difícil imaginar que un gobierno que realmente aproveche estas condiciones internacionales históricas podría disfrutar de un crecimiento mayor a 10%, y con un horizonte sostenible.
Tercero, la estrategia de comunicación oficial ha puesto en escena al presidente Kirchner como el principal negociador argentino. Cualquier modificación de la estrategia oficial en materia de negociación con los organismos y de la deuda pública podría tener consecuencias negativas sobre la pretendida imagen presidencial. Por su parte, los márgenes que deja el default para hacer política fiscal discrecional y asistencialista son verdaderamente amplios y los más abultados de la historia argentina reciente. En efecto, el superávit primario potencial de la Argentina sería en 2004 de entre $ 4,000/ $ 5,000 M superior al comprometido con el FMI. De repetirse lo acontecido en 2003 y si las autoridades cumplen su discurso de que cualquier excedente de recursos será utilizado para atender la deuda interna social, y no para realizar pagos externos, está claro que estamos frente a una masa de recursos (más de 1 punto del PBI) sin precedentes; que, por otra parte, según lo aprobado en el Presupuesto, podrá ser dispuesta por el jefe de Gabinete de manera absolutamente discrecional.
Esta disponibilidad de recursos para incrementar el gasto de cualquier índole, es no otra que la consecuencia directa de mantener la oferta a los acreedores externos tal cual fue hecha en Dubai y, por lo tanto, debe ser vista como una consecuencia de estirar la salida del default. En estas circunstancias resulta bastante improbable que la administración Kirchner no sienta cierto «gustito» por el default.
Condescendencia
Por último, el FMI y los Estados Unidos han adoptado una posición condescendiente con la Argentina, tolerando desplantes y, sobre todo, aceptando que la Argentina se convierta en un pésimo ejemplo para otros países que sí realizan importantes esfuerzos para cumplir con todos sus compromisos. Es probable que dicha tolerancia sea producto de la buena performance macroeconómica de la Argentina y de la decisión de varios actores internacionales relevantes de no aparecer luego como los malos de la película que solicitan medidas y cambios que potencialmente pueden reducir, a corto plazo, el crecimiento. Asimismo, es probable que el presidente Bush no quiera que ningún incendio se desate en su patio trasero en un año electoral y justo cuando el voto latino se ha transformado en factor decisivo. Pero, independientemente de los porqué, está claro que las señales que recibe la administración Kirchner le permiten deducir que todavía cuenta con interesantes márgenes de acción, aun cuando la paciencia haya comenzado a dar ciertos indicios de agotamiento.
Desmentidas
Tales márgenes quedaron en evidencia, de manera muy notoria, en estos días: el presidente Kirchner y el ministro Lavagna desmintieron al director gerente del FMI, sin que se produjera ningún tipo de reacción pública de parte del organismo. Horst Köhler, a través de un comunicado oficial difundido el viernes 9, había dado el visto bueno para la aprobación de la primera revisión del acuerdo vigente, a partir de la existencia de una nueva Carta de Intención enviada por las autoridades argentinas en la cual se comprometían a realizar avances concretos en la reestructuración de la deuda pública, fortalecimiento del sistema financiero y otras reformas estructurales. Sin embargo, tanto el Presidente como su ministro de Economía desmintieron la existencia de dicha carta y reafirmaron su decisión de no modificar en nada sus políticas. Aun así el FMI no dijo nada, y luego de la reunión en Monterrey del lunes 12 de enero pasado, optó por un bajo perfil y por bajarle los decibeles a la controversia. De todos estos factores, sólo el último es el que luce con mayores chances de ir revirtiéndose a medida que avance el año. Mientras que la situación financiera inter-nacional, la estrategia de imagen presidencial y los «beneficios» fiscales del default seguirán incentivando a que las autoridades se mantengan firmes en sus políticas, las próximas revisiones del acuerdo con el FMI prometen ser cada vez más duras, y los riesgos de caer en default con los multilaterales cada vez más altos. Hasta el momento las autoridades argentinas han preferido maximizar el nivel de actividad de corto plazo en desmedro de las posibilidades de crecer sostenidamente a mediano y largo plazo, y es probable que esa preferencia no se modifique sobre todo cuando el nivel de actividad comience a dar señales de desaceleración, aun cuando insistir con más de lo mismo puede resultar en un obstáculo insalvable para la continuidad de la recuperación.
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Por Luis R. Secco
columnista de Ambito Financiero
La pregunta se escucha de manera cada vez más frecuente dentro y fuera de la Argentina: ¿hasta cuándo podrá la Argentina seguir desafiando al FMI y al mercado financiero inter-nacional, demorando la salida del default? Lamentablemente, y digo lamentablemente porque estoy convencido de que lo peor que le puede pasar a la Argentina del mediano y largo plazo es estirar en el tiempo su condición, resulta muy probable que en 2004 no se produzcan grandes avances en la mate-ria.
Existen varios factores que juegan en tal sentido. En primer lugar, luego de crecer alrededor de 8% en 2003, en 2004 la Argentina crecerá más de 5%, y mientras la economía siga creciendo resulta difícil que la administración Kirchner en particular, y la clase dirigente y la opinión pública más en general, perciban que existen costos (tangibles) asociados al default. Existe consenso de que el crecimiento se irá desacelerando a lo largo del año, pero hasta qué punto dicha desaceleración será lo suficientemente perceptible como para gatillar un cambio en las políticas oficiales. Segundo, las condiciones financieras y reales externas seguirán soplando a favor.
Perspectiva envidiable
Los precios de las commodities de exportación por encima del promedio de los últimos 15 años, un dólar que se depreció en lo que va del año 40% frente al euro, abundante liquidez internacional con las tasas de interés internacionales más bajas de los últimas cuatro décadas, y el crecimiento de la región y del mundo ganando tiempo, configuran un conjunto de condiciones que en perspectiva histórica resulta envidiable. Aun cuando su voluntario aislamiento no le permite a la Argentina aprovechar por completo estas excepcionales condiciones externas, está claro que el favorable comportamiento mostrado por la mayoría de las variables reales, monetarias, financieras y fiscales de 2003 encuentran en ellas su explicación. No es difícil imaginar que un gobierno que realmente aproveche estas condiciones internacionales históricas podría disfrutar de un crecimiento mayor a 10%, y con un horizonte sostenible.
Tercero, la estrategia de comunicación oficial ha puesto en escena al presidente Kirchner como el principal negociador argentino. Cualquier modificación de la estrategia oficial en materia de negociación con los organismos y de la deuda pública podría tener consecuencias negativas sobre la pretendida imagen presidencial. Por su parte, los márgenes que deja el default para hacer política fiscal discrecional y asistencialista son verdaderamente amplios y los más abultados de la historia argentina reciente. En efecto, el superávit primario potencial de la Argentina sería en 2004 de entre $ 4,000/ $ 5,000 M superior al comprometido con el FMI. De repetirse lo acontecido en 2003 y si las autoridades cumplen su discurso de que cualquier excedente de recursos será utilizado para atender la deuda interna social, y no para realizar pagos externos, está claro que estamos frente a una masa de recursos (más de 1 punto del PBI) sin precedentes; que, por otra parte, según lo aprobado en el Presupuesto, podrá ser dispuesta por el jefe de Gabinete de manera absolutamente discrecional.
Esta disponibilidad de recursos para incrementar el gasto de cualquier índole, es no otra que la consecuencia directa de mantener la oferta a los acreedores externos tal cual fue hecha en Dubai y, por lo tanto, debe ser vista como una consecuencia de estirar la salida del default. En estas circunstancias resulta bastante improbable que la administración Kirchner no sienta cierto «gustito» por el default.
Condescendencia
Por último, el FMI y los Estados Unidos han adoptado una posición condescendiente con la Argentina, tolerando desplantes y, sobre todo, aceptando que la Argentina se convierta en un pésimo ejemplo para otros países que sí realizan importantes esfuerzos para cumplir con todos sus compromisos. Es probable que dicha tolerancia sea producto de la buena performance macroeconómica de la Argentina y de la decisión de varios actores internacionales relevantes de no aparecer luego como los malos de la película que solicitan medidas y cambios que potencialmente pueden reducir, a corto plazo, el crecimiento. Asimismo, es probable que el presidente Bush no quiera que ningún incendio se desate en su patio trasero en un año electoral y justo cuando el voto latino se ha transformado en factor decisivo. Pero, independientemente de los porqué, está claro que las señales que recibe la administración Kirchner le permiten deducir que todavía cuenta con interesantes márgenes de acción, aun cuando la paciencia haya comenzado a dar ciertos indicios de agotamiento.
Desmentidas
Tales márgenes quedaron en evidencia, de manera muy notoria, en estos días: el presidente Kirchner y el ministro Lavagna desmintieron al director gerente del FMI, sin que se produjera ningún tipo de reacción pública de parte del organismo. Horst Köhler, a través de un comunicado oficial difundido el viernes 9, había dado el visto bueno para la aprobación de la primera revisión del acuerdo vigente, a partir de la existencia de una nueva Carta de Intención enviada por las autoridades argentinas en la cual se comprometían a realizar avances concretos en la reestructuración de la deuda pública, fortalecimiento del sistema financiero y otras reformas estructurales. Sin embargo, tanto el Presidente como su ministro de Economía desmintieron la existencia de dicha carta y reafirmaron su decisión de no modificar en nada sus políticas. Aun así el FMI no dijo nada, y luego de la reunión en Monterrey del lunes 12 de enero pasado, optó por un bajo perfil y por bajarle los decibeles a la controversia. De todos estos factores, sólo el último es el que luce con mayores chances de ir revirtiéndose a medida que avance el año. Mientras que la situación financiera inter-nacional, la estrategia de imagen presidencial y los «beneficios» fiscales del default seguirán incentivando a que las autoridades se mantengan firmes en sus políticas, las próximas revisiones del acuerdo con el FMI prometen ser cada vez más duras, y los riesgos de caer en default con los multilaterales cada vez más altos. Hasta el momento las autoridades argentinas han preferido maximizar el nivel de actividad de corto plazo en desmedro de las posibilidades de crecer sostenidamente a mediano y largo plazo, y es probable que esa preferencia no se modifique sobre todo cuando el nivel de actividad comience a dar señales de desaceleración, aun cuando insistir con más de lo mismo puede resultar en un obstáculo insalvable para la continuidad de la recuperación.
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