PROYECTO DE AGRICULTURA
"Regalía global" en semillas
Al cierre de esta edición de Clarín Rural, una noticia de gran importancia sacudió a la cadena agropecuaria: la secretaría de Agricultura informó a través de un comunicado de prensa que se impulsará la aplicación de un sistema de "regalías globales" para la semilla de soja y trigo. Se creará, con aporte de los productores, un "Fondo Fiduciario de Compensación Tecnológica e Incentivo a la Producción de Semillas". El objetivo es "lograr un sistema más equitativo que permita satisfacer los intereses de los obtentores de variedades vegetales mejoradas y de los productores agropecuarios en su conjunto".
"Este sistema prosigue el comunicado permitirá cumplir más acabadamente con los objetivos de la Ley 20.247 (Ley de Semillas), esto es; promover una eficiente actividad de producción y comercialización de semillas, asegurar a los productores agropecuarios la identidad y calidad de la semilla que adquieren, y proteger la propiedad de las creaciones fitogenéticas", aseguró el titular de la cartera agraria, Miguel Campos, según el mismo comunicado de prensa.
El Fondo se constituirá con los ingresos provenientes de la aplicación de una tasa inferior al 1% sobre el precio de la primera venta del grano de la especie que se considere que en una primera etapa abarcará al trigo y la soja. Los montos provenientes de la aplicación de la tasa se depositarán en una cuenta especial del Banco de la Nación Argentina a fin de constituir el Fondo Fiduciario.
Siempre según la SAGPyA, dicho Fondo tendrá como finalidad:
1. Retribuir a los obtentores por la inversión realizada en el desarrollo de nuevas variedades vegetales.
2. Reembolsar a los agricultores que acrediten haber adquirido semilla fiscalizada.
3. Destinar un porcentual del Fondo al desarrollo de investigaciones que contribuyan al mejoramiento vegetal de especies de importancia económica/política para el país.
"El Fondo actuará en el ámbito del INASE y será administrado por una Comisión integrada por representantes de los obtentores, los Usuarios y del organismo de la SAGPYA".
La iniciativa tiene una extraordinaria importancia. Desde este medio hemos machacado hasta el cansancio sobre la dramática situación de la genética de autógamas en el país, donde la viveza criolla terminó destruyendo los programas de investigación más ambiciosos. La "bolsa blanca" y el abuso del "uso propio" necesitaban una respuesta inmediata.
La última pérdida fue el abandono del programa soja por parte de Monsanto, anunciado hace pocas semanas (ver nota de Juan J. Avellaneda en página 6). Pero antes habían desertado los trigos de Dekalb, tras una batalla en la que incluso la Junta Nacional de Granos salió a vender como semilla las variedades Tala y Lapacho que había comprado como grano. También quedaron en el camino los programas de Cargill, y Monsanto que está por lanzar trigo transgénico en los EE.UU. abandonó antes de largar.
No es un problema exclusivo de las compañías multinacionales. Los semilleros nacionales tradicionales, como Klein, Buck y el INTA, siguieron adelante a duras penas, en un negocio de dudosa rentabilidad, muchas veces subsidiado por otras actividades. Nidera, otra compañía nacional, asumió el riesgo de introducir la costosa genética francesa (los trigos Baguette), y también tiene que lidiar con la bolsa blanca y el uso propio. Ni hablar del problema de la soja. Quedan muy pocas compañías haciendo semilla de soja: el mismo Nidera, Don Mario, Relmó, La Tijereta. Y ahora que salió Monsanto del negocio, no queda ninguna internacional. Así que la iniciativa de Agricultura no es una forma de intervención estatal para ayudar a que las multinacionales cobren royalties. La regalía global (que funciona en muchos países) es, ante todo, un buen punto de partida para que se remunere al obtentor y vuelva a ser interesante el negocio de producir semilla. Significa que cada obtentor obtendrá recursos de acuerdo a la penetración de su cultivar en el mercado.
Sin embargo, la regalía global tiene sus limitaciones. Un porcentaje fijo, igual para todas las variedades independientemente de su costo, puede complicar el futuro. Para quien hoy nada cobra, es un avance infinito. Pero hay que prever que la investigación va a ser cada vez más costosa. Las semillas que se investigan ahora llegarán al mercado recién dentro de diez años. Y se viene la era de las especialidades, lo que significa que habrá una atomización de las variedades. Será entonces muy difícil que la regalía global pague todo el costo del desarrollo. Pero por algo hay que comenzar. Y ahora hay algo.
"Regalía global" en semillas
Al cierre de esta edición de Clarín Rural, una noticia de gran importancia sacudió a la cadena agropecuaria: la secretaría de Agricultura informó a través de un comunicado de prensa que se impulsará la aplicación de un sistema de "regalías globales" para la semilla de soja y trigo. Se creará, con aporte de los productores, un "Fondo Fiduciario de Compensación Tecnológica e Incentivo a la Producción de Semillas". El objetivo es "lograr un sistema más equitativo que permita satisfacer los intereses de los obtentores de variedades vegetales mejoradas y de los productores agropecuarios en su conjunto".
"Este sistema prosigue el comunicado permitirá cumplir más acabadamente con los objetivos de la Ley 20.247 (Ley de Semillas), esto es; promover una eficiente actividad de producción y comercialización de semillas, asegurar a los productores agropecuarios la identidad y calidad de la semilla que adquieren, y proteger la propiedad de las creaciones fitogenéticas", aseguró el titular de la cartera agraria, Miguel Campos, según el mismo comunicado de prensa.
El Fondo se constituirá con los ingresos provenientes de la aplicación de una tasa inferior al 1% sobre el precio de la primera venta del grano de la especie que se considere que en una primera etapa abarcará al trigo y la soja. Los montos provenientes de la aplicación de la tasa se depositarán en una cuenta especial del Banco de la Nación Argentina a fin de constituir el Fondo Fiduciario.
Siempre según la SAGPyA, dicho Fondo tendrá como finalidad:
1. Retribuir a los obtentores por la inversión realizada en el desarrollo de nuevas variedades vegetales.
2. Reembolsar a los agricultores que acrediten haber adquirido semilla fiscalizada.
3. Destinar un porcentual del Fondo al desarrollo de investigaciones que contribuyan al mejoramiento vegetal de especies de importancia económica/política para el país.
"El Fondo actuará en el ámbito del INASE y será administrado por una Comisión integrada por representantes de los obtentores, los Usuarios y del organismo de la SAGPYA".
La iniciativa tiene una extraordinaria importancia. Desde este medio hemos machacado hasta el cansancio sobre la dramática situación de la genética de autógamas en el país, donde la viveza criolla terminó destruyendo los programas de investigación más ambiciosos. La "bolsa blanca" y el abuso del "uso propio" necesitaban una respuesta inmediata.
La última pérdida fue el abandono del programa soja por parte de Monsanto, anunciado hace pocas semanas (ver nota de Juan J. Avellaneda en página 6). Pero antes habían desertado los trigos de Dekalb, tras una batalla en la que incluso la Junta Nacional de Granos salió a vender como semilla las variedades Tala y Lapacho que había comprado como grano. También quedaron en el camino los programas de Cargill, y Monsanto que está por lanzar trigo transgénico en los EE.UU. abandonó antes de largar.
No es un problema exclusivo de las compañías multinacionales. Los semilleros nacionales tradicionales, como Klein, Buck y el INTA, siguieron adelante a duras penas, en un negocio de dudosa rentabilidad, muchas veces subsidiado por otras actividades. Nidera, otra compañía nacional, asumió el riesgo de introducir la costosa genética francesa (los trigos Baguette), y también tiene que lidiar con la bolsa blanca y el uso propio. Ni hablar del problema de la soja. Quedan muy pocas compañías haciendo semilla de soja: el mismo Nidera, Don Mario, Relmó, La Tijereta. Y ahora que salió Monsanto del negocio, no queda ninguna internacional. Así que la iniciativa de Agricultura no es una forma de intervención estatal para ayudar a que las multinacionales cobren royalties. La regalía global (que funciona en muchos países) es, ante todo, un buen punto de partida para que se remunere al obtentor y vuelva a ser interesante el negocio de producir semilla. Significa que cada obtentor obtendrá recursos de acuerdo a la penetración de su cultivar en el mercado.
Sin embargo, la regalía global tiene sus limitaciones. Un porcentaje fijo, igual para todas las variedades independientemente de su costo, puede complicar el futuro. Para quien hoy nada cobra, es un avance infinito. Pero hay que prever que la investigación va a ser cada vez más costosa. Las semillas que se investigan ahora llegarán al mercado recién dentro de diez años. Y se viene la era de las especialidades, lo que significa que habrá una atomización de las variedades. Será entonces muy difícil que la regalía global pague todo el costo del desarrollo. Pero por algo hay que comenzar. Y ahora hay algo.
