En la bolsa dicen que el discurso suele estar determinado por la cartera. Y algo así debe pasar, porque últimamente no hubo dignidad yankee que no haya predicado las bondades que para el mundo tendría una promiscua devaluación del dólar. Justo cuando dos tercios de la cartera externa yankee son renta variable en moneda extranjera, y todo su pasivo renta fija en moneda nacional. Una coincidencia, seguramente. Aunque con esa cartera... ¡hasta yo aplaudiría una devaluación!.
Equivocadamente, el mercado supuso que tan benéfico ajuste quedaba supeditado al antojo del Tío Sam. Oportunamente, me permití dudarlo. En 2007 Tío Sam en el pantano: La quimera del ajuste indoloro dije que era: Al revés, cada reclamo yankee de flexibilidad cambiaria expone la angustia de un gobierno que descubre los escasos grados de la libertad que la practica le concede a la teoría. Es que cuando hay millones en danza, la devaluación real deja de ser una opción gratuita. Amén...
El yuan fue objeto de una embestida particularmente severa por parte del Tesoro estadounidense. Considerando que los adversarios alternativos eran Europa y Japón emisores de divisas de reserva e importantes receptores de inversión yankee, la elección del basto y pobre país asiático resultó de Perogrullo. Pero los intentos de apreciar el yuan, aunque tenaces, resultaron vanos. Había sido anticipado en 2007 Tío Sam en el pantano: Un anhelo extemporáneo: ... en un ambiente de normalidad económica la devaluación del dólar no responde al capricho imperial, sino a un toma y daca tendiente a evitar que el Tío Sam endose a socios y acreedores el costo pleno de pasados bacanales. Ergo, solo un escenario de colapso (financiero o político) habilita el unilateralismo cambiario.
Pero obstinado, el Tío Sam no cejó en su intento. Amenazó al país asiático públicamente una falta de etiqueta propia de la diplomacia tejana, obstaculizó sus inversiones en la Unión y aranceló, groseramente, ciertas importaciones de ese origen. Pero la autocrática república asiática no se inmutó. Con paciencia milenaria, reiteró a su ofuscado interlocutor que el yuan se apreciaría, pero de una forma incompatible con la inmediata solución de las penurias estadounidenses.
Al fin, la impotencia yankee se manifestó a la Wolfowitz, esto es, con la frente bien alta; fue cuando la prensa publicó: El Departamento del Tesoro concluyó, en un informe, que China no manipula su tipo de cambio para abaratar el yuan de forma artificial, aunque dijo creer que la divisa sí está infravalorada [...] El Tesoro dijo que es incapaz de determinar si la política cambiaria de China tiene el propósito de evitar un ajuste efectivo de la balanza de pagos o de obtener una ventaja competitiva injusta. ¡Elegante huida!...
Hace un par de años, expuse mi postura sobre la causa de los desequilibrios y su eventual ajuste. En 2007 Tío Sam en el pantano: ¿Quién banca a la banca?, poniendo en su justo lugar el protagonismo de la devaluación, dije: ...la dimensión y el financiamiento de los déficit públicos en general y del yankee en particular provocarán una disminución de la actividad económica; porque es improbable que librados sus efectos a lo estrictamente cambiario, un ajuste tamaño se asimile sin repercusiones abortibas. Además, no tanto los déficit en sí, sino su concurso con la maduración de los pasivos que generaron, puede producir un aumento de la tasa real que solo una contracción en la inversión podría atemperar.
¿Qué ocurrió desde entonces?. La devaluación real del dólar fue escasa y heterogénea (15% neto, depreciando contra el euro, manteniéndose contra el yuan y apreciándose contra el yen). Paralelamente, las tasas de interés tuvieron un notable ascenso, nominal y real, que permitió recomponer las curvas. El crecimiento colapsó mientras ciertos gurúes proclamaban que dicha flojera forzaría a la FED a recortar los intereses... ¡cosa que, naturalmente, tampoco pasó!. Algunos replicarán que las tasas aún son bajas. Yo responderé que lo son porque la inversión tal como indiqué colapsó en un mar de liquidez (0,8 15.2 y 9.3% en los últimos trimestres informados). Esto no solo confirma la participación de variables reales en el proceso de ajuste, sino que pone en duda el andamiaje teórico de esa autoridad monetaria.
Sin embargo, no imaginé que el Sr. Bernanke terminaría abonando mi osado pronóstico. Es que en su alocución sobre el mercado inmobiliario e hipotecario, acaba de decir: ...aunque parece probable que la inflación subyacente se modere gradualmente con el paso del tiempo, los riesgos de tal pronostico se mantienen elevados. En particular, la continuidad de una alta tasa en el uso de los recursos sugiere que el nivel de la demanda final aún puede ser alto respecto de la capacidad productiva subyacente de la economía.
Pero como la inundación de liquidez coincide aunque su teoría lo niegue con un colapso de la inversión, la brecha no va a cerrarse por un aumento de la capacidad instalada.
Considerándolo, es que me pregunto ¿que nivel de demanda final restablecerá el equilibrio?...
BARUCH
Equivocadamente, el mercado supuso que tan benéfico ajuste quedaba supeditado al antojo del Tío Sam. Oportunamente, me permití dudarlo. En 2007 Tío Sam en el pantano: La quimera del ajuste indoloro dije que era: Al revés, cada reclamo yankee de flexibilidad cambiaria expone la angustia de un gobierno que descubre los escasos grados de la libertad que la practica le concede a la teoría. Es que cuando hay millones en danza, la devaluación real deja de ser una opción gratuita. Amén...
El yuan fue objeto de una embestida particularmente severa por parte del Tesoro estadounidense. Considerando que los adversarios alternativos eran Europa y Japón emisores de divisas de reserva e importantes receptores de inversión yankee, la elección del basto y pobre país asiático resultó de Perogrullo. Pero los intentos de apreciar el yuan, aunque tenaces, resultaron vanos. Había sido anticipado en 2007 Tío Sam en el pantano: Un anhelo extemporáneo: ... en un ambiente de normalidad económica la devaluación del dólar no responde al capricho imperial, sino a un toma y daca tendiente a evitar que el Tío Sam endose a socios y acreedores el costo pleno de pasados bacanales. Ergo, solo un escenario de colapso (financiero o político) habilita el unilateralismo cambiario.
Pero obstinado, el Tío Sam no cejó en su intento. Amenazó al país asiático públicamente una falta de etiqueta propia de la diplomacia tejana, obstaculizó sus inversiones en la Unión y aranceló, groseramente, ciertas importaciones de ese origen. Pero la autocrática república asiática no se inmutó. Con paciencia milenaria, reiteró a su ofuscado interlocutor que el yuan se apreciaría, pero de una forma incompatible con la inmediata solución de las penurias estadounidenses.
Al fin, la impotencia yankee se manifestó a la Wolfowitz, esto es, con la frente bien alta; fue cuando la prensa publicó: El Departamento del Tesoro concluyó, en un informe, que China no manipula su tipo de cambio para abaratar el yuan de forma artificial, aunque dijo creer que la divisa sí está infravalorada [...] El Tesoro dijo que es incapaz de determinar si la política cambiaria de China tiene el propósito de evitar un ajuste efectivo de la balanza de pagos o de obtener una ventaja competitiva injusta. ¡Elegante huida!...
Hace un par de años, expuse mi postura sobre la causa de los desequilibrios y su eventual ajuste. En 2007 Tío Sam en el pantano: ¿Quién banca a la banca?, poniendo en su justo lugar el protagonismo de la devaluación, dije: ...la dimensión y el financiamiento de los déficit públicos en general y del yankee en particular provocarán una disminución de la actividad económica; porque es improbable que librados sus efectos a lo estrictamente cambiario, un ajuste tamaño se asimile sin repercusiones abortibas. Además, no tanto los déficit en sí, sino su concurso con la maduración de los pasivos que generaron, puede producir un aumento de la tasa real que solo una contracción en la inversión podría atemperar.
¿Qué ocurrió desde entonces?. La devaluación real del dólar fue escasa y heterogénea (15% neto, depreciando contra el euro, manteniéndose contra el yuan y apreciándose contra el yen). Paralelamente, las tasas de interés tuvieron un notable ascenso, nominal y real, que permitió recomponer las curvas. El crecimiento colapsó mientras ciertos gurúes proclamaban que dicha flojera forzaría a la FED a recortar los intereses... ¡cosa que, naturalmente, tampoco pasó!. Algunos replicarán que las tasas aún son bajas. Yo responderé que lo son porque la inversión tal como indiqué colapsó en un mar de liquidez (0,8 15.2 y 9.3% en los últimos trimestres informados). Esto no solo confirma la participación de variables reales en el proceso de ajuste, sino que pone en duda el andamiaje teórico de esa autoridad monetaria.
Sin embargo, no imaginé que el Sr. Bernanke terminaría abonando mi osado pronóstico. Es que en su alocución sobre el mercado inmobiliario e hipotecario, acaba de decir: ...aunque parece probable que la inflación subyacente se modere gradualmente con el paso del tiempo, los riesgos de tal pronostico se mantienen elevados. En particular, la continuidad de una alta tasa en el uso de los recursos sugiere que el nivel de la demanda final aún puede ser alto respecto de la capacidad productiva subyacente de la economía.
Pero como la inundación de liquidez coincide aunque su teoría lo niegue con un colapso de la inversión, la brecha no va a cerrarse por un aumento de la capacidad instalada.
Considerándolo, es que me pregunto ¿que nivel de demanda final restablecerá el equilibrio?...
BARUCH
