El título indaga respecto del peor enemigo público estadounidense. Es que luego de las declaraciones del presidente de Francia y ciertas decisiones del BCE, dudo que el musulmán siga ocupando el primer lugar...
El colapso napoleónico puso fin a un experimento social que desbordó la frontera francesa y, autoritariamente, pretendió imponerse a toda Europa. Esa derrota degradó a Francia de primera potencia a nación europea relevante. Concientes de que el interes patrio debe adaptarse al potencial nacional, los franceses aprendieron a centrar sus acciones, más en frustrar los intereses adversos que en imponer el anhelo propio. En eso consiste su política exterior.
Paciente y sagaz, Francia sabe en que arena y con que armas lidiar sus contiendas. El ámbito monetario internacional es uno de sus preferidos, como aprendieron los EEUU a fines de los 60, cuando el país europeo (evaluando certeramente que la imprudencia llevaría al Tío Sam a repudiar sus compromisos financieros) denunció el privilegio exorbitante y exigió la inmediata conversión de sus dólares a oro. Otros hicieron lo mismo con discreción. El Eliseo, en cambio, lo promocionó con irritante insistencia.
Este introito resulta imprescindible para abordar el tema objeto de reflexión. Para los EEUU suele resultar más sencillo modificar el entorno global que sus institutos domésticos. Esa fue la apuesta americana respecto de su pantagruélico endeudamiento. Los EEUU imaginaron que habiéndose obligado en moneda propia, restablecer su solvencia solo requeriría que los activos externos de sus bancos fuesen catapultados por una notable devaluación ¡como si ésta última no afectase luego el valor intrínseco de aquellos!. De ser así, la súbita restauración permitiría seguir financiando un grato déficit comercial.
La diferencia entre tal evaluación y la de quien suscribe, fue que el Tío Sam imaginó que el resto del mundo cargaría con su cruz gratuitamente. Contrariamente, evalué que en esta coyuntura la Unión no tiene el poder necesario para imponer un ajuste cambiario escandaloso de manera unilateral; y que una alteración tamaña del orden global queda restringida al colapso político o económico del deudor. En fin, que el mercado internacional de divisas no opera en un régimen de competencia perfecta, y que tratándose de su moneda patrón, los ajustes requieren una negociación previa que habilite sacrificios compartidos.
El colapso inmobiliario e hipotecario, la ralentización del gasto interno y el fin de una FED acomodaticia confirman razonablemente lo dicho. Es que solo ese proceder permite, hasta cierto punto, usufructuar los precios relativos. Y sucede que ahora podríamos estar cerca de ese punto. Permítaseme ampliar...
La postura yankee es que el mercado debe determinar el valor de las monedas conforme los fundamentos del emisor. Hasta ahora, Europa convalidó esa postura, motivo por el cual, desde el colapso de las .com a la fecha el dólar se devaluó contra el euro más de un 60% entre puntas. Con China la cosa fue mucho más difícil, porque esa república optó por un régimen cambiario rígido, atando su moneda al dólar con una flexibilidad mínima. Hasta ahora, las groseras amenazas del Tesoro estadounidense no lograron alterar esa estrategia. La respuesta yankee fue llenar a ese país y a muchos otros de dólares, para que su expansión monetaria devenga incontrolable y se produzca un traumatismo inflacionario y / o financiero. Puede que el ardid termine exitosamente, pero mientras tanto, opera el ajuste clásico...
Con Japón que ya sufrió los efectos de una apreciación tamaña en carne propia la cosa resultó peor aún. No solo no hubo apreciación del yen, sino que éste se devaluó notablemente respecto del billete verde. Pero como a eso no se llegó manipulando el mercado cambiario sino pulverizando la usura doméstica que financia la mega timba yankee casi a titulo gratuito, el Tío Sam tuvo que morderse la lengua y aceptar que el valor del yen obedece a fundamentos propios de esa economía.
Y ahora pasa que en éste mundo, el real, donde los grados de libertad de la política económica son escasos, el Sr. Sarkozy comenzó a pregonar que la apreciación del euro resulta lesiva no solo para Francia, sino para varios Estados miembros de la UE. Coincide con el Sr. Rato, temporal mandamás del FMI, quien tiempo atrás indicara que más allá de los USD 1,40 por euro, la economía europea podría comenzar a resentirse. Atento a lo dicho, el BCE comenzó a bombear liquidez para prevenir un eventual estrechamiento del crédito. Y eso hace que la devaluación del dólar salvo un improbable colapso yankee se complique más aún.
Considerando lo expuesto, es fácil comprender porque el funcionario español debió renunciar a su cargo, y porque Washington se opone a la entronización del candidato galo, que es socialista, pero ante todo: francés.
BARUCH
El colapso napoleónico puso fin a un experimento social que desbordó la frontera francesa y, autoritariamente, pretendió imponerse a toda Europa. Esa derrota degradó a Francia de primera potencia a nación europea relevante. Concientes de que el interes patrio debe adaptarse al potencial nacional, los franceses aprendieron a centrar sus acciones, más en frustrar los intereses adversos que en imponer el anhelo propio. En eso consiste su política exterior.
Paciente y sagaz, Francia sabe en que arena y con que armas lidiar sus contiendas. El ámbito monetario internacional es uno de sus preferidos, como aprendieron los EEUU a fines de los 60, cuando el país europeo (evaluando certeramente que la imprudencia llevaría al Tío Sam a repudiar sus compromisos financieros) denunció el privilegio exorbitante y exigió la inmediata conversión de sus dólares a oro. Otros hicieron lo mismo con discreción. El Eliseo, en cambio, lo promocionó con irritante insistencia.
Este introito resulta imprescindible para abordar el tema objeto de reflexión. Para los EEUU suele resultar más sencillo modificar el entorno global que sus institutos domésticos. Esa fue la apuesta americana respecto de su pantagruélico endeudamiento. Los EEUU imaginaron que habiéndose obligado en moneda propia, restablecer su solvencia solo requeriría que los activos externos de sus bancos fuesen catapultados por una notable devaluación ¡como si ésta última no afectase luego el valor intrínseco de aquellos!. De ser así, la súbita restauración permitiría seguir financiando un grato déficit comercial.
La diferencia entre tal evaluación y la de quien suscribe, fue que el Tío Sam imaginó que el resto del mundo cargaría con su cruz gratuitamente. Contrariamente, evalué que en esta coyuntura la Unión no tiene el poder necesario para imponer un ajuste cambiario escandaloso de manera unilateral; y que una alteración tamaña del orden global queda restringida al colapso político o económico del deudor. En fin, que el mercado internacional de divisas no opera en un régimen de competencia perfecta, y que tratándose de su moneda patrón, los ajustes requieren una negociación previa que habilite sacrificios compartidos.
El colapso inmobiliario e hipotecario, la ralentización del gasto interno y el fin de una FED acomodaticia confirman razonablemente lo dicho. Es que solo ese proceder permite, hasta cierto punto, usufructuar los precios relativos. Y sucede que ahora podríamos estar cerca de ese punto. Permítaseme ampliar...
La postura yankee es que el mercado debe determinar el valor de las monedas conforme los fundamentos del emisor. Hasta ahora, Europa convalidó esa postura, motivo por el cual, desde el colapso de las .com a la fecha el dólar se devaluó contra el euro más de un 60% entre puntas. Con China la cosa fue mucho más difícil, porque esa república optó por un régimen cambiario rígido, atando su moneda al dólar con una flexibilidad mínima. Hasta ahora, las groseras amenazas del Tesoro estadounidense no lograron alterar esa estrategia. La respuesta yankee fue llenar a ese país y a muchos otros de dólares, para que su expansión monetaria devenga incontrolable y se produzca un traumatismo inflacionario y / o financiero. Puede que el ardid termine exitosamente, pero mientras tanto, opera el ajuste clásico...
Con Japón que ya sufrió los efectos de una apreciación tamaña en carne propia la cosa resultó peor aún. No solo no hubo apreciación del yen, sino que éste se devaluó notablemente respecto del billete verde. Pero como a eso no se llegó manipulando el mercado cambiario sino pulverizando la usura doméstica que financia la mega timba yankee casi a titulo gratuito, el Tío Sam tuvo que morderse la lengua y aceptar que el valor del yen obedece a fundamentos propios de esa economía.
Y ahora pasa que en éste mundo, el real, donde los grados de libertad de la política económica son escasos, el Sr. Sarkozy comenzó a pregonar que la apreciación del euro resulta lesiva no solo para Francia, sino para varios Estados miembros de la UE. Coincide con el Sr. Rato, temporal mandamás del FMI, quien tiempo atrás indicara que más allá de los USD 1,40 por euro, la economía europea podría comenzar a resentirse. Atento a lo dicho, el BCE comenzó a bombear liquidez para prevenir un eventual estrechamiento del crédito. Y eso hace que la devaluación del dólar salvo un improbable colapso yankee se complique más aún.
Considerando lo expuesto, es fácil comprender porque el funcionario español debió renunciar a su cargo, y porque Washington se opone a la entronización del candidato galo, que es socialista, pero ante todo: francés.
BARUCH
